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SUPUESTO 1º

 
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Escarlata O'Perez
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MensajePublicado: Lun Ene 28, 2008 7:53 pm    Título del mensaje: SUPUESTO 1º Responder citando

En la universidad me llamaban el “hombre estrella”, un mote que nunca me incomodó, muy al contrario. Si hay algo de cierto en esta historia que paso a narrarles, es precisamente eso.

Amo esos puntitos diminutos de luz que pueblan el cielo todas las noches y, mi sueño siempre fue viajar a ellos, o lo más cerca posible. Por ese motivo me presenté a las pruebas de la NASA como ingeniero aeroespacial con la esperanza de que algún día me destinaran a la estación espacial.

Por diversas razones que desde tierra no habíamos logrado solucionar, la estación espacial necesitaba ajustes inmediatos evitando así, su desmantelamiento Esos ajustes, precisaban de un técnico y pensaron en mi persona. Yo dirigiría a un pequeño grupo formado por tres personas: Peter, Andrea y yo mismo, Oliver.

El entrenamiento fue duro, tanto, que en algún momento pensé que Peter, con cincuenta años, no lo conseguiría. Pero me equivocaba. Si alguien quería ir a esa misión más que yo, ese era Peter. Deseaba por encima de cualquier cosa, poder contemplar la Tierra desde su órbita, girar alrededor del planeta y ver con sus propios ojos, la maravilla en la que vivíamos.

Algunas tardes coincidíamos en la pista de entrenamiento y, tras las pruebas, nos tomábamos nuestra ración de zumos y verduras en compañía mutua.

-Oliver- me decía con una sonrisa escondida tras su pequeño bigote- no puedo morirme sin haberlo visto- Yo asentía comprendiendo en lo más íntimo a mi colega.

Andrea parecía frágil, sin embargo era testaruda y tenaz. Su máxima ambición era volar en el “Discovery”, y saber qué se siente al orbitar con la lanzadera en la que había trabajado durante varios años.

Mis superiores nos habían puesto al corriente de quienes se encontraban en esos momentos en la estación espacial: Un científico chino, otro norteamericano y un tercero Ruso, los tres llevaban ocho meses en el espacio, tiempo suficiente para que les sustituyeran. En el viaje que estábamos a punto de iniciar, nos acompañarían tres científicos más: Uno belga, otro inglés y un español; y por supuesto, las dos tripulantes del Discovery, ambas mujeres con un expediente de vuelo brillante.

Nuestro sueño, se vería cumplido en veinticuatro horas. Todo estaba preparado para un despegue que nos proporcionaría la aventura de nuestra vida…o no?
_________________
O'Perez, Escarlata para los amigos

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MensajePublicado: Lun Ene 28, 2008 7:53 pm    Título del mensaje: Enlaces Patrocinados



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exprofeso



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MensajePublicado: Lun Ene 28, 2008 9:34 pm    Título del mensaje: Responder citando

Estacion espacial. Falta un dia para la llegada del transbordador.

Ya son las diez de la mañana. Es curioso que estemos orbitando por la cara oscura de la tierra y aqui sean las diez de la mañana. Ahi abajo en China estaran todos durmiendo, trasnochando o haciendo sudokus para matar el insomnio. ¡Je! ¿Cuantos millones de chinos estaran haciendo el amor en este preciso momento? Malditos chinos, ¿no tendran otra cosa que hacer?. ¡PARAD UN POCO, QUE A ESTE PASO NO VAMOS A CABER!

No... No me habrá oido nadie. Y si me oyen, ¡peor para ellos!. ¡Que piensen que me estoy volviendo loco! Igual así adelantan el relevo y vuelvo antes a la tierra.

Volver... Ya falta poco. Tengo que tener paciencia; si he aguantado todos estos meses, seria una tonteria echarlo todo a perder por unas pocas horas. Pero necesito volver.

Nunca te acostumbras a esto. Puedo haber pasado por aqui y haber contemplado esta misma imagen cientos de veces, y siempre se me ha hecho imposible asimilar que para mí son las diez de la mañana, y que alli abajo un tal chuan li y una tal yen chu estan pasando la noche follando como locos escondidos entre los arrozales. Por mucho tiempo que pase uno aqui, sigue teniendo los pies en la tierra. Puedo estar rodeado de tecnologia en todas direcciones y sentirme un privilegiado en la cima de la investigación científica, pero me basta darle un vistazo a este reloj de bolsillo de mi padre para recordar que no soy mucho mas que ese niño que soñaba con ser un nuevo Yuri Gagarin.

Si, Ivan Radovich, el primero de su promocion en el Liceo, el más aventajado de la academia de ciencias espaciales, la mayor promesa de la física rusa, en el fondo solo es uno más de los animales de laboratorio que hay a bordo. Un dia tras otro encerrado en esta lata de sardinas, siguiendo rigurosamente la rutina de los programas de investigacion, sin tiempo para pensar, sin nada que inventar, controlado minuto a minuto por toda esa red de chismosos chapuceros con sus radiotelescopios que no tienen otra cosa que hacer que apostar sobre cuantas veces voy a mear al cabo del dia.

Quizas deba considerarlo un castigo divino. Lo seria, si tuviera ese concepto del pecado de los europeos. Pero en Rusia no lo necesitamos; ¿Como temer a un dios, si durante generaciones nos hemos acostumbrado a expiar nuestras faltas de forma inmediata e implacable por obra y gracia del omnipotente, omnipresente y omnisciente partido?

¿Y cual seria mi pecado? ¿Vanidad? ¿Orgullo? No, cuando vi como aquellos que se burlaban de Ivan, el raton de la biblioteca, el apocado, el timido, el alfeñique, terminaban en el mejor de los casos de profesores de instituto, con la unica aspiracion de poder pagarse unos pantalones de marca en el mercado negro, mientras yo, el pobre Ivan, era asignado para el programa de investigacion espacial, lo unico que sentí fué lástima. Pobres desgraciados, mentes grises condenadas a existencias grises.

¿Sería la Ambición? No, saberse capaz y esforzarse por demostrarlo no es ambición, es solo honradez para con el talento propio.

¿Cobardía? Nunca. Desde que fuí consciente de mi panico irracional a los espacios cerrados supe que tendría que luchar con todas mis fuerzas contra esa debilidad. Solo a base de coraje pude superar el obstaculo que suponia la claustrofobia para mi carrera. Cada pequeño logro, cada momento de desesperación superado a base de uñas clavadas en la palma de la mano, cada infinita lucha interna antes de decidirme a entrar en espacios mas y mas reducidos y aún mas oscuros, cada uno de esos pequeños triunfos supuso un nuevo motivo de satisfacción que fortalecia mi voluntad y me animaba a proponerme retos más duros.

Muchas veces estuve a punto de echarlo todo a perder. La primera prueba de vuelo fue horrible: la cabina del MIG se hacia cada vez más pequeña, opresiva, asfixiante. Solo la casualidad y mi tremendo estado de agitación me impidieron ser capaz de desatarme el cinturón o accionar la palanca de eyección. Solo la suerte impidió que el piloto instructor se diera cuenta de que llevaba en el asiento trasero del reactor a un claustrofóbico con un ataque de ansiedad. Sólo mi coraje me hizo dominarme y completar mi primer vuelo sin más incidencias que el aterrizaje inseguro y brusco que es de esperar de un piloto novato.

Las pruebas en la piscina del centro espacial de Baikonur fueron todo un suplicio. Vestido con el traje espacial, la inmersion, un pobre simulacro del estado de ingravidez, era una tortura cotidiana. Empecé incluso a pensar que respirar era un acto consciente y voluntario: desde el mismo momento en que me ajustaban el casco espacial cada inspiración era un esfuerzo inútil, y cada expiración parecia ser la última.

Algunos en el equipo de buceo empezaron a sospechar desde las primeras inmersiones. Las veces que hacia que me quitaran precipitadamente aquella sadica escafandra me justificaba afirmando, tembloroso aún, que el cierre no ajustaba perfectamente. La explicación, por reiterada, pronto dejó de ser convincente. Sospechaban, y yo lo sabia.

Tenia que demostrarles lo contrario. Pasé todo el fín de semana siguiente encerrado en casa, sin comer, casi sin dormir, jugandome la vida cada cinco minutos metiendo la cabeza en una bolsa de plástico. Al principio no duraba ni un segundo con la bolsa puesta, pero a base de voluntad y recurriendo a los ultimos extremos de mi resistencia me autoconvenci de que tenia más miedo a fracasar que a una absurda y estupida bolsa de plastico. Cada vez aguantaba más tiempo, y poco a poco aprendi a reconocer la verdadera sensación de asfixia y distinguirla de la falsa, creada unicamente por mi miedo a estar encerrado.

Quedé plenamente convencido cuando, en mi ultima prueba, aguanté tanto tiempo sin respirar que me quede casí inconsciente; solo un milagro hizo que mis manos, al desmayarme, aflojaran la presión sobre la bolsa y pudiera, inconscientemente, volver a respirar. Casi me cuesta la vida, pero supere la prueba de una forma convincente.

Sin embargo, lo peor de todo han sido estos últimos meses. Pensaba que habia superado definitivamente mi claustrofobía y poco tenia que temer de un espacio relativamente grande, aunque cerrado y hermético. Pero no contaba con la terrible sensación de estar flotando dentro de una lata en el espacio exteriro. Es extraño, antes de esto siempre era un alivio mirar por una ventana, romper el encierro buscando una luz en el exterior, un resquicio de libertad, una rendija de aire. Pero aqui todo es distinto: al mirar por las escotillas, al contemplar el universo despoblado, frio y desnudo, este maldito amasijo de hierros, fibra de carbono y kevlar se empequeñece, se reduce, me comprime, me asfixia, me ahoga.

Esta maldita hija de puta me esta aplastando como una prensa hidraúlica, perversa e implacable. Y ya no puedo soportarlo más, ni un minuto más.

No, debo calmarme, tengo que tranquilizarme, concentrarme en pensar que solo faltan unas horas para que llegue el relevo, y despues unos pocos dias y adios muy buenas, ahi os quedais encerrados en vuestra maldita lata de sardinas.

Y tú, mundo, prepárate, que ya esta próximo el dia en que Ivan el alfeñique baje por las escaleras del transbordador y se siente en el museo del espacio junto a Yuri Gagarin.
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V.nas
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MensajePublicado: Mar Ene 29, 2008 11:50 pm    Título del mensaje: Andrea Responder citando

Andrea miraba hacia atrás el recorrido de su vida hasta llegar al punto que siempre había soñado.
Cuando era niña y le preguntaban que deseaba ser de mayor, no perdía un segundo para contestar – Yo, astronauta para ir a la luna y los planetas.
Parecía haber estado destinado en su vida , fue una constante ante sus ojos para no olvidar en los momentos duros dónde estaba su objetivo.
Había renunciado a mucho por alcanzarlo. Sus vivencias habían quedado resumidas y reducidas a todo aquello que le procurara su meta, lo que había conllevado fracasos en otros aspectos valiosos ; como el amor, la convivencia y la vida familiar.
Pero ahora no pensaba en eso . La ponía enferma pensar que unas décimas de fiebre podrían dejarla en Tierra justo ahora que estaba a un paso de su sueño.
Cómo , una cosa tan aleatoria podría romper el sacrificio de hacer realidad un logro tan trabajado , no entraba muy bien en su cabeza previsora.
Todo absolutamente todo , había sido diseñado y evaluado previsiblemente, calculando hasta el último de los supuestos , y analizando la capacidad resolutiva del conocimiento total de lo que se llevaba entre las manos para los imprevistos.
Estaba segura de sus capacidades , no dudaba un momento de sus conocimientos , confiaba plenamente en sus compañeros engranados entre sí como una perfecta maquinaria e independientes y seguros en sus labores.
Cada cual con su rol un perfecto mecanismo hacia un destino soñado…
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No olvides mota de polvo, que mota de polvo eres.

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V.Nas


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Trébol
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MensajePublicado: Mie Ene 30, 2008 9:59 am    Título del mensaje: Responder citando

Chiu Lim observaba a Ivan con cierta aprensión. Tras ocho meses en aquella yogurtera, las paranoias se disparaban; la cordialidad se transformó en sospecha por el temor a que robaran los descubrimientos que él, Chiu Lim investigador en el campo de la entomología y biología animal, realizaba.

Utilizando un sistema de captación de imágenes de alta velocidad, un grupo de científicos de la universidad de Illinois, habían constatado que en ciertas hormigas sus mandíbulas se cerraban en menos de un milisegundo, promediando una velocidad de 38 metros por segundo (aproximadamente 137 kilómetros por hora).

Estas mandíbulas no sólo eran fenomenalmente veloces sino que también generaban suficiente fuerza para expulsar a los enemigos y hasta para propulsar a las hormigas a través del aire.

Chiu Lim, recolectó las “Odontomachus bauri” en Costa Rica y las llevó al espacio con el fin de recopilar información sobre su potencial en condiciones del todo distintas a su hábitat natural.

Miró a Ivan de soslayo y murmuró una frase en mandarín para que el otro no le entendiera. Se sonrió.

Le divertía insultarlo y sonreírle simultáneamente mientras fingía anotaciones en su librito de apuntes. Aquel libro de piel, era un regalo de Chin Fí, su esposa desde que la conoció en la universidad. Su primera impresión al verla fue tal, que supo que esa mujer conpartiría con él el resto de su vida.
Cuando la soledad le carcomía el espíritu, miraba la fotografía que Chin Fi le había cosido en la tapa interior del libro, aspiraba aire y se calmaba lentamente.

Tras sus logros como científico, lo que más anhelaba era volver a ver los ojos negros de su esposa, aspirar su olor, sentir el tacto tibio de su piel en una larga caricia que le devolviera a una realidad más allá de sus sueños nocturnos.

Miró la Tierra. Aún estaba muy lejos de su hogar, pero pronto, muy pronto, abrazaría a Chin Fi.
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exprofeso



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MensajePublicado: Mar Feb 05, 2008 12:32 am    Título del mensaje: Responder citando

(que quereis que os diga, no voy a estar aqui esperando como un tonto a que os decidais a escribir algo habiendo tanto por hacer)

-Houston, el nivel de CO2 en el Modulo de Control se ha restablecido. Era una pequeña fuga en los colectores.

-Perfecto, Steve -respondio Dan Schultz, ingeniero jefe del centro de control- tendremos que estar pendientes de ese filtro en el futuro. Proxima conexion a las 12:15, para repasar los procedimientos de atraque.

-¿Hay noticias del transbordador?

-Sigue su curso sin novedad. Los tendreis en aproximacion a las 21, según lo planeado.

-Perfecto, Dan, quedamos a la espera.

-Una ultima cosa, Steve. Alguien quiere hablar contigo... te paso.

-Roger, Dan, ¿Quien tenemos ahi? ¿los chicos de la prensa?

-Espera, Steve...

Otra entrevista rutinaria, penso Steve Ramires, algun becario de cualquier revistilla semanal de divulgación interesandose por como nos tomamos la sopa, como nos lavamos los dientes o como eliminamos la orina...

-Stevie... ¿me oyes?

-¿Laura? ¡Laura, cariño! ¡que sorpresa!

-¿Como te encuentras?

-Deseando verte, princesa. Y tu, ¿como estas? ¿y los niños?.

-Muy bien, estamos todos aqui en Houston. Raúl no para de curiosear, y Ellie esta encantada con todo esto. Tenemos muchas ganas de verte.

-Yo tambien... ya falta muy poco. En unos dias estaremos todos juntos. No te imaginas cuantas ganas tengo...

Si, Steve extrañaba a su familia tras ocho meses de aislamiento. Un alto precio para alguien tan apegado a su entorno, pero siempre supo que volvería, y que una vez en tierra todo habría merecido la pena. Ahora que el momento estaba tan proximo, la paciencia de un actualizado Job confinado en el vientre de aquella ballena orbitando sin cesar se veia desbordada por el ansia irrefrenable de volver a sentir el peso de su cuerpo, pies en tierra, y recuperar el tiempo perdido con sus seres queridos.

Todos, en realidad, estaban pagando aquel precio, nada en realidad comparado con el privilegio de ser el hispano que habia protagonizado la salida mas fulgurante posible de los suburbios de Miami. El camino facil hubiera sido medrar entre los traficantes, militar en una de las multiples bandas o especializarse en alguna profesion tipificada en el codigo penal, para lograr sobrevivir a la mayoria de edad y quizas, con mucha suerte y muy pocos escrupulos, conseguir pasearse con un deportivo de importación por las sucias avenidas del ghetto.

Pero Steve decidio un dia, muy de pequeño, escapar a su destino inevitable de delincuente callejero y mirar al cielo buscando una salida. Del cielo nació su determinación, y al mismisimo cielo, literalmente, le condujo. Por el camino, años de impopularidad en su propio barrio, donde estudiar era una completa perdida de tiempo, en el instituto, donde la segregación soterrada le impedia adaptarse a un medio imposible para un hijo de exiliados cubanos, en la universidad, donde su carencia de medios le obligaba a realizar los trabajos mas desagradables en los servicios asistenciales del campus, limpiando incluso las habitaciones de sus propios compañeros para compensar una beca que entregaba casi por completo a su familia, carente de todo excepto dignidad...

-Laura, ¿como sigue mi padre? Se que no quieren contarme nada, pero no estoy tranquilo.

-Esta bien, muy bien. Creeme, no te ocultamos nada. Ahora todo el barrio les quiere y les respeta... eres el chico del año, Steve.

Si, ese mismo camino duro y hostil que solo pudo recorrer a base de mucho esfuerzo y una firme determinación. Un camino que le habia dotado de una inmensa capacidad de sacrificio, a la que habia tenido que recurrir en esos ultimos meses para soportar la estancia en la ISS.

Un camino de segundones, pues a Steve le estaba negado el primer puesto en todo. Su pelo ensortijado, sus rasgos hispanos y los restos heredados de su acento cubano eran un obstaculo insalvable en un sistema que, pese a todo, no podia, no queria admitir la altisima capacidad intelectual de un simple balsero.

Pero un extraño golpe de suerte, o quizas la justicia divina, hizo que los mismos prejuicios que habian levantado barreras durante todo su periodo academico se convirtieran en su catapulta al espacio. Steve era consciente de que su ascenso al programa de investigación espacial se debia, precisamente, a la voluntad de unos lideres que, oportunamente, pensaron que una figura extraida de la oposición a Fidel se convertiria en una excelente inversión en capital politico. Propulsarle al espacio suponia un golpe de efecto quizas mas importante que la carrera ganada por Kennedy con aquel lento pisotón en la inmaculada superficie de la luna.

De esa extraña forma Steve Ramires reescribia la historia del sueño americano. Si fué pragmatico para asimilar los incontables reveses que habia superado por el camino, no habria de serlo menos para considerarse, por encima de cuestiones políticas, un digno componente del equipo estable de la estación espacial, por meritos propios sobradamente contrastados.

-No llores, Laura, ya falta muy poco. Te prometo que en unos dias estaremos todos cenando juntos en DaTomasso.

-Te quiero, Steve.

-Yo tambien te quiero, princesa.

La queria profundamente, como se quiere a la amiga de toda la vida, a la mujer que siempre estaba alli, al apoyo fundamental en los momentos de flaqueza. Laura, la chica de barrio, cuando llegó el éxito siguió siendo para él la misma, la unica. Sólida en sus convicciones, sencilla y pragmática, Laura era su fijación a la tierra, su perdida gravedad, su bote salvavidas en los momentos de zozobra.

La inesperada conversación ya habia terminado; Steve debia volver a la actividad, a repasar ilusionado los procedimientos rutinarios que permitirían el ensamblaje del tranbordador a la estación. Pero Laura dominaba su pensamiento; la sola idea de abrazarla, de sentir su piel, de besarla, le transportaba en el tiempo al momento en que bajara triunfante, satisfecho y gozoso por la escalerilla del transbordador. Eran solo unos dias, unos pocos dias que pasarían volando, pero aún quedaba mucho por hacer.
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MensajePublicado: Vie Feb 08, 2008 10:32 pm    Título del mensaje: Responder citando

La comandante Ingrid Herry, conectó el piloto automático y le sonrió a su copiloto, Helen Mornino, compañera de aventura y vida.
Se habían conocido en la academia y congeniaron de inmediato. Ingrid se enamoró de Helen tomando la tercera cerveza en un antro de carretera con el primer permiso bajo el brazo.
A ella nunca le había importado reconocer que era lesbiana desde siempre, sin embargo, consciente de sus propósitos de futuro, se vio obligada a mantener en secreto ese detalle de su vida. Nadie tenía derecho a juzgarla, pero en la hipócrita sociedad en la que se desenvolvía, no podía manifestarlo abiertamente consciente de que eso sería una limitación a su deseada carrera.

No le importó callar ante el mundo sus sentimientos por Helen. Pero un día de borrachera con su inseparable amiga, la besó en los labios ante la sorpresa de Helen. Lo inesperado fue que su amiga le devolvió beso por beso, concluyendo la noche en un motel alejado de la base. Fueron cuarenta y ocho horas gloriosas repletas de sexo, alcohol y, amor, un amor incipiente que con el tiempo, se transformaría en la relación más secreta que ella conocía y había vivido nunca.

Durante algún tiempo, las cambiaron de destino a ambas, ocho meses espantosos. Ingrid dejó de comer, perdiendo demasiado peso, hasta que Helen acudió a su encuentro con una proposición que no quería, ni debía desechar.

Se incorporaron al equipo encargado de tripular el transbordador espacial y lo demás, fue una consecuencia de su brillante hoja de servicios, dedicación, y por supuesto, la determinación de alcanzar un lugar destacado en la historia de los viajes espaciales.

Ingrid revisó su panel comprobando las lecturas detenidamente. Era la hora precisa y debía realizar una tarea que había preparado con antelación. Miró a su copiloto sin que Helen la viera, observó a sus compañeros de viaje mientras esgrimía una sonrisa nerviosa.

Ese era el momento, ese y no otro, antes de llegar a la estación espacial.

-Comandante Mornino, atiéndame un momento, por favor.
Helen la miró muy sería. ¿ Habría cometido algún error?. Ingrid la tranquilizó con los ojos.
- Tal vez no te parezca el momento adecuado, querida Helen, pero ¿Quieres casarte conmigo?.
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exprofeso



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MensajePublicado: Jue Feb 14, 2008 2:01 am    Título del mensaje: Responder citando

-Comandante Helen Mornino a toda la tripulacion: Estamos en vector de aproximacion a la ISS. Ocupen por favor sus posiciones para iniciar la maniobra de atraque.

El anuncio, protocolario en exceso, era totalmente innecesario. Hacia ya varios minutos que la estacion habia aparecido como algo mas que un punto de luz en las pantallas, y los tripulantes, anticipandose al procedimiento, ocupaban desde hacia rato sus respectivos asientos, ansiosos por anticipar la llegada al destino.

La maniobra no era más complicada que el aterrizaje de un avión comercial, y si mucho mas suave gracias a la inexistencia de una gravedad que hiciera rebotar neumaticos contra la pista o un imposible viento que agitara las alas. Sin embargo el procedimiento exigia que los tripulantes permanecieran en sus asientos atados con sus cinturones de seguridad, tal vez por la fuerza de la costumbre de un procedimiento heredado de las fuerzas aereas, tal vez para mantener alejados de la cabina a un grupo de cientificos inexpertos en singladuras por el espacio exterior.

Las ventanillas son un objeto precioso en una nave espacial. El coste prohibitivo de los vidrios necesarios y el riesgo de fugas en las juntas hace que los ingenieros se nieguen a conceder poco mas que unos pocos centimetros cuadrados de vision exterior, para frustracion de astronautas novatos. En momentos como este la tripulación desocupada y ansiosa echaba de menos poder contemplar como se aproximaba esa gigantesca Mantis Religiosa que flotaba en el espacio, lista para engullirlos.

Andrea, afortunada en el reparto con un asiento de ventanilla y consciente por tanto del valor de aquella codiciada contemplación, guardaba para si las exclamaciones de admiración que le producia aquella estructura que se iba haciendo mas y mas grande a medida que se acercaba, inmune al bombardeo de preguntas de sus compañeros que querian comprobar por si mismos lo que tantas veces habian contemplado en fotografias y planos.

-Ingrid -requirió la comandante- ¿has comprobado la telemetría?.

-El angulo es correcto -respondió. Iniciamos la secuencia de enlace.

-Estación Espacial, la comandante Helen Mornino al mando del transbordador espacial solicita permiso para atracar.

-Encantados de recibirla, comandante - respondio Chiu Lim, responsable de los sistemas de navegacion.

-Espero que hayais puesto a enfriar cerveza para estos viajeros.

-Acabamos con las existencias hace meses, comandante, pero, vosotros allá, el area de descanso mas proxima queda cerca de Júpiter...

Este corto intercambio de frases fue recibido con comentarios y gritos de alegria en ambas naves, en un clima que delataba, en el fondo, la alegria de los que llegaban porque llegaban, y de los que estaban porque pronto regresarían.

Más allá de esto la maniobra de aproximación fué todo un éxito, sobre todo porque los ordenadores de ambas naves, frios e inexpresivos, pero espléndidamente coordinados, se encargaron de que así fuera. Estas mentes de metal y silicio ni siquiera se saludaron cuando sus escotillas quedaron frente a frente y sus cuerpos se fusionaron en una conexión intima que se prolongaría durante varios dias.

La comandante Mornino dio por finalizada la maniobra, y por tanto la travesía, cuando giró el dispositivo que abría la escotilla permitiendo a toda la tripulación contemplar por primera vez el interior de la ISS. Alli les esperaban los rostros de sus tres ocupantes, afeitados por primera vez desde hacia semanas, con tres espléndidas sonrisas de bienvenida.

Pero la impresión más fuerte no fue aquella contemplación. La ISS olía horriblemente mal. Afortunadamente las dos expertas tripulantes habian advertido de ello a los demas pasajeros, apelando a su cortesia espacial para que se abstuvieran de comentarlo. Extrañamente fué Ivan Rodovich el primero en romper esa cortesia al quebrar su esplendida sonrisa, fruncir el ceño y rogar a los viajeros que salieran cuanto antes de su pocilga con alas: para él, el transbordador olía aún peor. De hecho, como pudieron comentar posteriormente entre risas, cualquier nave tripulada termina oliendo como un estercolero para todo el mundo excepto para sus ocupantes, habituados a la fuerza a su propio hedor.

La ISS, un espacio de por si reducido para tres personas, pasó desde aquel momento a estar masificada como el cumpleaños del hijo de un pastelero; la densidad de ocupantes y la ausencia de gravedad fue responsable en todos esos dias de innumerables encontronazos, coscorrones y hasta tocamientos involuntarios, resueltos al principio con una sonrisa, despues con una disculpa, y con el tiempo simplemente asumidos con indiferencia.

No había ningún espacio con dimensiones suficientes para congregar a todos los ocupantes de la estación, así que las presentaciones se resolvieron de cualquier manera entre estancias, pasillos con forma de tubos y escotillas, en una extraña demostracion circense de abrazos ingravidos, apretones de mano cabeza abajo, besos con retroceso y las mareantes volteretas con las que Steve Ramires demostraba su habilidad adquirida en aquellos meses sin sentir el peso de su propio cuerpo.

Pronto se entregaron unos y otros a las primeras labores de intendencia, que se prolongaron por varias horas: descargar el equipo, alojar a los recien llegados, hacer acopio de provisiones y repartir, en definitiva, la carga util del transbordador en la estación para poco a poco irlo cargando con los equipos y materiales que debian volver a tierra. El transbordador permanecería seis dias unido a la estación, aportando así espacio habitable para liberar del overbooking a aquel pequeño hotel flotante.

La intimidad, un lujo inexistente en el espacio, se limitaría durante esos dias a los propios pensamientos y divagaciones. Incluso acordaron tácitamente que las inevitables visitas al baño habian de ser avisadas, a veces señalizadas, para mantener la ilusion de privacidad en la estación.

Completadas estas primeras operaciones, era momento ya de relajarse y tener una charla distendida donde, al margen de acordar diversas normas internas de convivencia, todos pudieran tener oportunidad de conocer minimamente al resto del equipo.

Fué Chiu Lin, autoridad de facto en la estacion, el encargado de abrir la reunión.

-Compañeros, es un honor tenerles con nosotros. Esperamos que su estancia en la estación sea fructifera y que puedan llegar a disfrutar de la satisfacción que nosotros tres sentimos ahora que nuestra misión ha concluido. Aunque ya nos hemos presentado todos, quiero hablarles un poco sobre mis compañeros. Ivan Radovich, al que ya conocen, aparte de su extenso curriculum y de la enorme capacidad de trabajo que ha demostrado en estos meses, posee una increible cualidad: como les podrá demostrar a poco que se lo pidan, es un magnífico tenor.

La concurrencia, divertida, se volvió hacia el Ruso, y rapidamente prorrumpió en aclamaciones invitandolo a empezar a cantar, a lo que Iván, con expresión adusta, y exagerando deliberadamente su acento ruso, respodió:

-Señorrras, señorrrres, parrrra mi serrría un inmenso placser, perro mi arrte tiene una severísima limitación: solo se cantarr despues de hacserr el amorr!!

-Con lo que -repuso Chiu- llevamos ocho meses sin escucharle.

La pequeña broma ayudo a distender el ambiente. Chiu, divertido, prosiguió.

-En cuanto a mi otro compañero, Steve Ramires, al que tambien conocen, tiene una cualidad tambien interesante, de la que preferiria que hablara el mismo.... ¿Steve?.

Empezaron a mirarse todos unos a otros buscando a Steve, y en ese momento se percataron de que no estaba. Ni estaba ni habia estado alli desde el principio.

-Vaya -comento Oliver- siempre pensé que era dificil perderse en un espacio tan pequeño, pero al parecer Steve lo ha conseguido.

-¿No será -repuso Ingrid, anticipando una nueva broma- que su habilidad es jugar al escondite?

-No -dijo Chiu, extrañado-, realmente no era eso. Es raro que no este aqui. ¿Podria alguien ir a buscarle? Seguramente estará en el módulo Columbus y no querrá perderse esta reunión.

Andrea partió en su busqueda y regreso al cabo de un minuto, afirmando no haberle encontrado. Rapidamente se pusieron todos a buscarle, al principio esperando una nueva broma, pero despues con mucha mayor preocupación. Las llamadas por megafonia interna no obtenian respuesta. La búsqueda en la estación resulto infructuosa y pronto se extendió al transbordador, pero Steve no aparecía por ningún sitio.

Resultaba más que extraño que una persona pudiera desaparcer en un entorno cerrado y de tan pequeñas dimensiones; no había mucho rincones donde esconderse, y pronto los registros empezaron a volver una y otra vez a los mismos sitios, a explorar repetidamente cada pequeño habitáculo, pero la tierra, aun tan distante, parecia haberselo tragado.

No cabía ya posibilidad de que fuera una broma, ni siquiera un acto intencionado. Era materialmente imposible encontrarle. Desesperados, tras mas de una hora de búsqueda se congregaron de nuevo en el módulo de mando. Todos los informes eran negativos; todas las busquedas, infructuosas. Chiu, angustiado, sugirió a todos sentarse un minuto y pensar en alguna posibilidad imposible.

Esa calma desesperada disolvió a las personas precipitadas y recuperó a los fríos cientificos. Peter, iluminado por una posibilidad, pregunto:

-Las personas desprendemos calor. ¿Teneis un termógrafo en alguno de los laboratorios?.

-Si, respondió Ivan, ¡podriamos usar el que hay en el modulo Zarya!

Tras innumerables intentos el termografo solo pudo detectar diez fuentes de calor. La undecima seguia extraviada. O habia desaparecido. Sin embargo aquella idea abrió un nueva vía de investigación, y pronto empezaron a pensar en como podrian utilizar el instrumental de a bordo en la busqueda.

Quedaron, pues, atareados recorriendo la nave buscando no ya a Steve, sino a algún aparato que pudiera servir para encontrarle.

De pronto, un desgarrador grito femenino se sobrepuso a las continuas llamadas por la megafonia interior. Rapidamente se congregaron en torno a Andrea que, aterrada e inmovil, señalaba fijamente a una de las escotillas. A traves del minúsculo cristal redondo se podia ver claramente el cuerpo inerte de Steve Ramires flotando en el espacio, acompañando a la estación en su órbita alrededor de la tierra.
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exprofeso



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MensajePublicado: Sab Feb 16, 2008 1:32 am    Título del mensaje: Responder citando

Tendria que haber salido yo tambien. Se que lo estan pensando. Pero no hubiera podido soportarlo. No, me hubiera vuelto loco dentro de ese maldito traje espacial; solo ver su cara me recordaba aquel horrible fin de semana, asfixiandome con la bolsa de plástico... no se que habria hecho. No podia salir.

Pero tendria que haber salido ahi afuera con el chino, al fin y al cabo es lo que se supone que debe hacer en estos casos un compañero de ocho meses de fatigas. ¿Compañerismo? ¡y una mierda!. Chiu Lin, el perfecto, el impecable, dandose patadas en el culo para entrar en la cámara de descompresion y rescatar el cadaver... increible, cualquiera diria que eran hermanos, y se llevaban a matar. Pero eso no lo saben. No, solo diran que el loco ruso no estuvo a la altura de las circunstancias.

Buena maniobra la del chino. Esa preocupación, esas lágrimas fingidas, ¿quien va a dudar ahora de él?. Y sin embargo yo voy a ser el blanco de todas las sospechas... ¿Quien, si no, le puede haber dado la patada a Ramires? Porque, vamos, nadie podrá pensar que se ha suicidado. Joder, hay mil formas de matarse menos horribles que asfixiarse en el vacio. No, todos van a pensar que ha sido un asesinato. Cualquiera que sepa que dos mas dos son cuatro podrá deducir que un fiambre volador no puede cerrar desde fuera la escotilla de emergencia.

Y donde hay un asesinato, hay un asesino. En teoria puede haber sido cualquiera, pero nadie mas que el chino y yo, que hemos soportado ocho meses con el insufrible Steve, podemos tener un motivo para ponerle en orbita. Y el maldito chino ha jugado sus cartas a la perfeccion para quedar libre de culpa.

¡Si solamente hubiera tenido arrestos para ponerme ese traje y salir ahi fuera!. Pero no, no podia. Tengo que pensar, tengo que hacer algo o se me va a venir todo el mundo encima. Ya estan los de la NASA buscando una cabeza de turco y aqui no puede haber más culpable que el maldito ruso... rastrearán mi expediente, revisarán las grabaciones de estos meses, se enterarán de la pelea... ¡que estupidez! ¿quien me mandaría a mi pelearme con ese imbécil por aquella tontería?

Además, ¿a que viene tanta prisa por rescatarlo? ¿Es que pensaba, por algun momento, que podia salvarle? Nos ha condenado a estar seis dias encerrados con un fiambre aqui dentro. Dos millones de euros del experimento criogenico tirados a la basura para convertirlo en la morgue más cara del mundo. Estos malditos necrófilos son tan estúpidos como para destruir un experimento que podría salvar millones de vidas, solo para conservar los restos de un pobre diablo. Pero, claro, cualquiera se oponia: Hubiera sido un billete de ida sin escalas para la cárcel.

Dos más dos son cuatro. Como no ande listo me veo bajando del transbordador con unas esposas puestas. Tengo que pensar algo, y rapidamente. Aqui no importa quien haya sido, sino quien pueda haber sido. Y solo yo puedo haber sido. Oportunidad hemos tenido todos, pero motivos solo el chino y yo. Y el chino se ha exculpado haciendo de héroe.

Piensa, Ivan. Piensa. Solo tenemos motivos el chino y yo. ¿Solo el chino y yo?. Quizas... por ahi abajo las cosas estan revueltas. Todos tenemos un pais que nos respalda; ya estan queriendo intervenir, pero han dejado claro que esto tiene que resolverse antes de que vuelva el transbordador. Estan acojonados: ¿Como dejar encerrados en la estacion a dos personas con un posible asesino durante ocho meses? Eso te da seis dias. Tienes que buscar una solución en seis dias.

Piensa. ¿A quien podria beneficiar esto? Si, ¿quien puede haber sido, aparte de ti?. Piensa, joder. No quieren al asesino, quieren a un asesino. Y lo tendran, sea como sea. Preferiblemente si es un ruso ególatra y claustrofóbico. La cosa esta jodida.

Pero, tal vez no deba pensar en exculparme, sino en darles a su asesino. Un asesino convincente. Motivo, medio y oportunidad. Un asesino que cumpla con las tres condiciones. Oportunidad hemos tenido todos; el arma del crimen es el vacío que nos rodea por todas partes. La madre del cordero es el móvil. ¿Quien más podría tener un movil, un motivo convincente que les proporcionara su perfecto e indudable asesino?

Si. Quieren a UN asesino. Y tengo que encontrarlo, o seré yo.
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