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LA BIBLIOTECA
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exprofeso



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MensajePublicado: Dom Dic 23, 2007 5:50 pm    Título del mensaje: LA BIBLIOTECA Responder citando

Ayer publique una pequeña historia en el subforo de Relatos; los comentarios de Manuel me hicieron reflexionar sobre ella y darme cuenta de las tremendas posibilidades creativas que se podrian derivar. No es que el relato en si tenga más o menos calidad, simplemente abre una especial caja de Pandora que invita a desarrollar multiples historias relacionadas, cuyo nexo de union, como en las mil y una noches, es el encuentro de una persona con los personajes que viven en los libros que hay en su despacho, para vivir cada noche una intensa experiencia iniciática en la que se mezclan realidad, imaginación, fantasía.

Apetece, pues, abrir la historia a todos, dado que la continuidad de la misma esta claramente resuelta y deja mucha libertad creativa para quien quiera pasar una noche introducido/a en una biblioteca que cobra vida. He modificado la historia original, que publico a continuacion como prologo de lo que podria ser un relato compartido, donde cada uno puede con total libertad, con independencia absoluta de lo que se haya escrito antes, con la tranquilidad de que no va a condicionar lo que se escriba despues, desarrollar un capitulo tan breve o extenso como quiera relatando su experiencia en una noche mistica, extraña, diferente, en la que puede pasearse a sus anchas por el mundo de la ficcion o la historia, sacando a los personajes de su contexto, interrelacionandolos, dandoles nueva vida, o simplemente jugando con otras posibilidades de historias conocidas.

Espero que la sgae no nos penalice con un canon por utilizar asi creaciones ajenas. Si os apetece pasar un rato en esta biblioteca tan especial, os sugeriria atenernos a unas sencillas recomendaciones para que esto pueda tener una estructura entendible:

-Dejar los comentarios en cursiva, como hago con esta presentacion, para diferenciarlos del texto.
-No os limito a lo poco que hay en mi biblioteca; introducid todo lo que os parezca interesante. Es vuestra.
-Eso si, no me ensucieis los ceniceros.

Desde este mismo momento la historia deja de ser mia para ser de todo el que quiera participar. ¿Quien se anima?

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"Hablan mucho de la belleza de la certidumbre como si ignorasen la belleza sutil de la duda. Creer es muy monótono; la duda es apasionante". Oscar Wilde.


Ultima edición por exprofeso el Lun Dic 24, 2007 3:58 pm; editado 2 veces
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MensajePublicado: Dom Dic 23, 2007 5:50 pm    Título del mensaje: Enlaces Patrocinados



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exprofeso



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MensajePublicado: Dom Dic 23, 2007 5:53 pm    Título del mensaje: Responder citando

1. Un arañazo en la pared. (exprofeso).

Una tarde, mientras trabajaba en el escritorio, me di cuenta del pequeño arañazo que había en la pared, junto a la estantería. En aquel momento no le dí mucha importancia; la estantería no tenía un apoyo firme sobre la moqueta y era lógico que alguien al pasar hubiera tropezado con ella causando ese mínimo desperfecto.

Pero en los dias siguientes fui observando otros pequeños detalles que me causaron extrañeza: nuevos arañazos, restos de polvo sobre el suelo... algo estaba pasando con aquella estantería. La revisé completamente y no note nada anormal: no había agujeros de carcoma ni marcas de dedos en la fina capa de polvo que cubria las lejas. Pregunte a los que vivian en la casa y nadie reconoció haber estado en mi despacho o haber tocado la estanteria. No encontraba ninguna explicación razonable, y cada dia notaba nuevas señales de que allí estaba pasando algo.

Una tarde, cansado de especulaciones, decidí vaciar la estanteria colocando todos los libros apilados sobre el suelo para poder examinarla a fondo. Cuando ya había retirado los libros de las lejas más altas, noté un movimiento casi imperceptible. No podía afirmar si había sido un hecho real o un producto de mi imaginación alimentada por el pequeño misterio que me planteaba aquel mueble, pero me pareció ver fugazmente que algo se movía de un libro a otro. Tal vez se trataba de una lagartija, quizas algún insecto, pero, no lo sabía, me habia parecido ver algo distinto, algo inclasificable.

Proseguí con mi tarea cuando, al cabo de poco tiempo, mientras me agachaba a depositar otra pequeña pila de libros, sentí la necesidad de volverme a mirar a mi espalda y entonces pude ver de forma algo más clara como una especie de hilera de letras se escondia dentro de uno de los libros. No podia creer lo que acababa de ver. Cogí inmediatamente el libro, una edición en rústica de La Odisea, y lo examiné cuidadosamente. No tenía nada anormal, y sin embargo yo había visto claramente como una especie de tren de letras se había introducido en él. Lo miré una y otra vez, pasando rapidamente las páginas, cuando pude ver con el rabillo del ojo un nuevo movimiento, esta vez una larga frase que huía de las Memorias de Adriano para refugiarse rápidamente en los Cuentos de la Alhambra.

Instintivamente dí un paso atrás y me quedé paralizado por el asombro. Tal vez mi quietud fué el momento esperado para que poco a poco fueran asomando más frases desde los lomos de otros libros que cada vez con mayor descaro empezaban a cambiar alocadamente de sitio. Incapaz de reaccionar, absorto ante aquella locura colectiva de letras correteando por toda la estantería, y de ésta a los libros que ya había en el suelo, y de estos a las otras estanterías del despacho, no pude ni siquiera articular un grito o pedir ayuda, y cuando quise darme cuenta toda la habitación era un hervidero de frases, a veces párrafos completos en formación cual si se tratara de las legiones de Julio César, correteando de un lugar a otro sin orden ni sentido.

Me costó dominarme a mi mismo, pero al fín comprendí de alguna forma que aquel fenómeno era completamente inofensivo. Eso era lo que había causado los pequeños desperfectos, pero no mas que eso; en cualquier caso, el despacho permanecía prácticamente intacto, y realmente no parecía que aquel baile de letras tuviera nada de dañino.

Finalmente decidí moverme con mucha lentitud, y justo en el momento en que empecé a extender la mano para intentar tocar aquello tan increíble, todo el movimiento ceso por completo. Me detuve inmediatamente y las frases, sorprendidas in fraganti por aquel humano que se movia, permanecieron espectantes a un nuevo movimiento mío que seguramente las habría hecho huir como ratones a sus madrigueras.

Mi inmovilidad y la suya se prolongó por unos instantes que parecieron eternos, hasta que una larga y atrevida frase se movió para introducirse en uno de los libros del suelo; progresivamente otras fueron reanudando su recorrido, y al cabo de pocos instantes el frenesí literario se volvió a manifestar en todo su esplendor. Esperé un rato y volví a estirar la mano, causando el mismo efecto.

Tras varios intentos, conseguí que poco a poco se fueran acostumbrando a mis movimientos, pero cuando trataba de acercarme a ellas me esquivaban, me evitaban dando un rodeo a mi alrededor. Recordando mis proezas infantiles cazando ranas, intenté un rapido movimiento para atrapar una de las frases que parecia circular con más lentitud, pero fue en vano: reaccionó con demasiada rapidez a mi torpe movimiento y escapó.

Seguí intentándolo de esta y otras formas, pero no conseguía llegar a tocar ninguna de las alocadas frases, hasta que tuve una gran idea: cogí en mi mano izquierda la Odisea, tal vez porque fué el primer libro en el que había visto movimiento, y mantuve la mano derecha abierta y vigilante, como quien va a atrapar a una mosca, pendiente de cualquier frase que pudiera entrar o salir del libro. Tras unos instantes de absoluta quietud, vi aparecer por entre las paginas finales el principio de una frase.

Permaneci inmovil hasta que comenzó a moverse con mas rapidez, confiada, cuando en ese momento mi mano derecha se cerró sobre ella atrapandola sin remisión. Esperaba sentir el tacto de un pequeño reptil, una presencia alargada y ondulante entre mis dedos, pero la sensación era infinitamente mas fragil, suave y delicada. No ejercí mucha presión por temor a romperla o dañarla, y me limité a pasar el indice de la mano izquierda por su superficie, acariciandola, tratando en mi locura de tranquilizarla. Solo entonces pude leerla:

"¡Aguanta corazón, que algo más vergonzoso hubiste de soportar aquel día que el Cíclope, de fuerza indómita, me devoraba los esforzados compañeros!".

No podía ser casualidad que me viera convertido en un metafórico cíclope capaz de devorar a aquellas criaturas; en cierto sentido, las habia devorado a casi todas en su momento, haciendolas desfilar ante mi mirada para extraer la historia que formaban en cada libro, pero desde luego no me proponía hacerlo físicamente. No, aquella frase medio enroscada en mi muñeca era, por asi decirlo, una criatura simpática. Poco a poco fuí aflojando la presion de mi mano hasta que la frase de Homero quedo completamente libre sobre la palma de mi mano. Lentamente la deposité en el suelo y reemprendió su camino hacia un nuevo libro.

Algo debió ocurrir entonces, pues las frases cambiaron de actitud, dejaron de eludirme y poco a poco se acercaron, curiosas, a mi mano tendida sobre el suelo. Empezaron a trepar por mi brazo, a recorrer mi espalda y mi cabeza, hasta que sin darme cuenta me vi completamente envuelto por ellas. Era una sensación extraña y agradable, parecida a la que deben sentir los cuidadores de los enjambres cuando se les ve rodeados de abejas, salvo que en mi caso no habia ningún riesgo de recibir un aguijón.

De alguna forma me habian aceptado. Me senté en el suelo, cuidando de no aplastar a las que pasaban por debajo, y les permití curiosear conmigo. A mi vez, intenté observarlas más de cerca, comprender cómo se movian, y sobre todo porqué lo hacían. No parecían tener ningún tipo de extremidad o parte movil, eran simplemente letras, ordenadas consecutivamente, que se movian sin más, eso si, siempre en el sentido de la frase, osea, de izquierda a derecha (pude observar que cuando se movian en sentido contrario las letras quedaban al reves, vistas desde arriba).

¿Existiría alguna forma de comunicarme con ellas? No lo parecía; su unico mensaje era el que se podía leer siguiendo las letras que formaban su cuerpo. Este pensamiento me devolvió a la cordura; pensé en obtener alguna prueba de aquello, en atrapar alguna en un bote de cristal o en hacerles al menos alguna fotografía. Sin alguna evidencia de ese tipo nadie iba a creerme. Justo en ese momento empezaron a dispersarse espantadas y a esconderse en sus libros; parecian adivinar mis intenciones. Leian en mi como yo lo habia hecho tantas veces en ellas. En el fondo, no me sentia con derecho a revelar su secreto, por lo menos no sin haber tratado de comprenderlas y quien sabe si obtener su permiso.

Me tumbé sobre la moqueta intentando relajarme, invitándolas a que volvieran a situarse encima mia, a recorrer mi cuerpo; queria recuperar aquella agradable sensación. Poco a poco empezaron a regresar y a subir por mis piernas y brazos. Cerré los ojos para demostrarles mi confianza en ellas, para entregarme a ellas como un Gulliver cándido y sumiso ofreciendo su cuerpo a la curiosidad de los liliputienses.

Y fué entonces cuando sentí que estaban entrando dentro de mí; no era una sensación física, sino más bien una comunión espiritual, la fusión de seres esencialmente distintos que compartían un especial tipo de consciencia. Estaba en ellas y ellas estaban en mí, y me daban todo su contenido; vivía sus historias a retazos, como incrustado en un increible mosaico de personajes y ambientes entrelazados. Era Leopold Bloom, y El Alquimista, y Juana la Loca, y Claudio, el emperador que no queria serlo. Estuve en castillos y en naves espaciales, asistí a batallas y a ardientes momentos de alcoba, supe del éxtasis místico y de la más profunda desesperación.

Pude vivir como en un gigantesco caleidoscopio todas las historias que habia leido, todas aquellas situaciones que conocía por la razon, pero que hasta ese momento único e irrepetible nunca habia sentido. Quise retener todo aquel conocimiento, recordarlo para poder compartirlo, grabarlo en los más profundo de mi memoria para atesorarlo durante el resto de mi vida, pues no existia ninguna cámara ni ningún dispositivo que pudiera reproducir aquella intensa experiencia. Me entristecía saber que aquel momento tenia que terminar, y que tal vez nunca más volvería a ser. Traté de aferrarme con todas mis energias a ese estado irreal y fantástico, pero notaba que poco a poco me iban abandonando para volver a sus libros.

Me cuentan que me encontraron a la mañana siguiente tendido sobre el suelo, rodeado de libros desparramados por toda la habitación. No me atrevi a contar lo que habia ocurrido allí: nadie iba a creerme. Volvi a mi realidad cotidiana, pero pasé aquel primer dia soñando con volver esa noche a mi despacho y reencontrarme con aquel mundo fantástico que me habia seducido por completo.
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MensajePublicado: Dom Dic 23, 2007 9:23 pm    Título del mensaje: Responder citando

2- Lo inesperado. (Trébol)

Las siguientes dos noches, estuve paseando entre los libros sin conseguir que una sola línea se deslizara de las páginas de ninguno de ellos.
Empecé a creer que todo aquello, había sido una simple alucinación producida por mi necesidad incansable de leer, por el aislamiento voluntario que me llevaba a encerrarme noche tras noche en mi biblioteca.

Me senté en el sillón, encendí la lámpara ajustándome las gafas y me dispuse a releer el libro que tenía encima de la mesa. Sin embargo, cuando iba por la décima página, un ruido detrás de mí, me sobresaltó. Me giré alertado a la espera de ver la sucesión de frases danzando encima de la alfombra, pero mi sorpresa fue mayúscula cuando comprobé que el movimiento no era otro que el de un grupo de liliputienses saliendo de su libro, cuchicheando entre si y señalándome con intenciones dudosas.

Me frote los ojos y me palpé deseando que aquello fuera sólo un sueño, que no me hubiese vuelto completamente loco y padeciera una alucinación que me llevaría al psiquiatra.

Los hombrecillos corrían ya en mi dirección profiriendo gritos, alzando los puños amenazadoramente con la clara intención de atacarme, mientras, mi corazón empezaba a latir de un modo desenfrenado y un sudor frío recorría mi columna.

Encogí las piernas cuando el primer liliputiense iba a lanzarse sobre mi zapato, esquivando el ataque, mientras los otros llegaban a las patas del sillón y trepaban por él.

Estaba sólo en casa, sin embargo grité aterrorizado con la esperanza de que aquella pesadilla terminara.

Lo siguiente que recuerdo, es a mi perro lamiéndome la cara mientras yo permanecía en el suelo desorientado y rígido, con la misma sensación que debe tener cualquier persona a la que han atado durante horas en la misma postura.

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exprofeso



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MensajePublicado: Lun Dic 24, 2007 2:35 am    Título del mensaje: Responder citando

No esperaba que llegara tan pronto una continuacion, ni el giro sorprendente que adopta el relato. Pero se vuelve aún más interesante, con más posibilidades y reforzando su continuidad. Yo estaba pensando en escribir una segunda noche en la biblioteca para animaros a participar, pero ya no hace falta en absoluto: Trébol lo ha hecho magnificamente.

La introduccion de esos liliputienses abre, como decia, muchas mas posibilidades, pues ya no se trata solo de una inmersion fantástica en el mundo de los libros, sino que los personajes escapan de ellos e interactuan con el protagonista. El final del capitulo refuerza el misterio subyacente sobre la veracidad o no de los acontecimientos. ¿que nuevas cosas pueden pasar en esa habitación, o incluso fuera de ella?

Me encanta este experimento: ver como una historia toma cuerpo por si sola, sin una estructura predefinida, sin condicionantes, con el argumento completamente abierto a nuevas sorpresas en cada capitulo y con muchas manos diferentes aportando lo mejor de su pluma. Me ilusiona esto; no se si soy capaz de transmitir esta ilusión, pero voy a seguir intentandolo.

Por cierto, aunque no os animeis a escribir un capitulo, si seria de agradecer que apuntarais ideas, comentarios o criticas ... es otra forma de participar en esta historia coral, sobre todo ahora que Trébol ha dado el primer paso y le ha dado al relato un importante salto cualitativo.

En resumen, el relato ha mejorado mucho con el capitulo de Trébol. "Lo inesperado" realmente hace honor a su titulo. Si esto fuera una partida de ajedrez, el movimiento de Trébol sería una increible apertura: inesperada, rapida e inteligente, deja las piezas magnificamente colocadas para continuar la partida. Ahora, ¿a quién le toca mover?

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Escarlata O'Perez
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MensajePublicado: Lun Dic 24, 2007 12:57 pm    Título del mensaje: Responder citando

Leído lo leído y sin ánimos de ensuciar los ceniceros smoker , me preguntaba, ya que el título está pendiente aún de decisión, si os gustaría rebautizarlo como :

"LA BIBLIOTECA"

Nada de aplausos, ya sé que soy poco menos que un genio, pero frente a lo obvio, no puede lucharse. :len:

Aplaudo las idea de Exprofeso, la continuación de Trebolcilla y prometo animarme en algún capítulo, si el tiempo lo permite y la vida quiere.

El cenicero, me lo llevo puesto. :an:

kis y :abra:

PD: Sin que sirva de precedente, evitaré el indigo y el tamaño de la letra en este apartado...aunque no prometo nada. Rolling Eyes

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exprofeso



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MensajePublicado: Mar Dic 25, 2007 3:31 am    Título del mensaje: Responder citando

3. Desaparecido. (exprofeso)

Si el primer encuentro con las frases corredoras fue fascinante, la experiencia con los liliputienses me hizo empezar a temer que pudieran suceder acontecimientos aún más desagradables. Siempre podía deshacerme de "Los viajes de Gulliver", pero, ¿cuantos otros personajes malvados, seres extraordinarios o artefactos peligrosos podían escapar del resto de los libros?.

Mi curiosidad encontraba de pronto un freno insospechado en la aprensión que me causaba la posibilidad de sufrir daños mucho más serios que ser atado a mi sillón; durante varios dias fuí incapaz de pasar mas de diez minutos seguidos en la biblioteca. Cada vez que entraba, ya fuera a recoger algún documento o simplemente a comprobar que todo seguía en su sitio, sufria una intensa inquietud, mirando a todos lados, esperando un susto que podia venir desde cualquier lugar de la habitación.

Incluso mi perro, guiado por su instinto, rehuía entrar allí para tumbarse en su alfombra favorita, como solía hacer para acompañarme durante mis largas horas de lectura. Sentí la necesidad de buscar ayuda, de confiar mi secreto a alguien que pudiera ayudarme a no afrontar sólo el riesgo de pasar una noche más en aquel lugar, pero nadie creería lo que estaba pasando, y lo único que conseguiría sería ponerme en ridículo, o tal vez ganarme un billete solo de ida para un centro de tratamiento psiquiatrico.

Pero la biblioteca se había convertido en un lugar aún más fascinante, y parte de su nuevo encanto residia precisamente en los peligros desconocidos que podría ocultar. Tenía que buscar la forma de pasar una noche más entre esas cuatro paredes de una forma medianamente segura, o por lo menos disponiendo de algún medio de registrar lo que allí estaba pasando para demostrar la veracidad de mis afirmaciones, quien sabe incluso si para dejar testimonio de un posible final fatídico.

Así que compré una camara de video económica en una tienda del centro y, sobreponiendome al miedo, conseguí instalarla en la biblioteca. Tras hacer algunas pruebas de grabación, dejé pasar el resto de la tarde dedicado a poner algo de orden en el resto de la casa y a prepararme para pasar otra noche en la biblioteca. Entre otras cosas, monté y cargué mi vieja escopeta de caza, con la idea consciente de tener un medio de protección, y con la sensación inconsciente de que su tacto me hacía sentirme más seguro.

Tras varias indecisiones, me introduje en la biblioteca, puse a grabar la camara de video, coloqué el sillón con el respaldo pegado a la pared para tener una mejor visión de toda la habitación y me senté en él a esperar acontecimientos.

Al cabo de media hora de inquietud y espera infructuosa, media hora en la que solo el coraje me retuvo en el sillón, media hora que sirvió para que incluso llegara a dudar de todo lo que había pasado allí en los dias anteriores, comencé a estar algo más tranquilo, hasta el punto de que me sentía ridículo por haberme llevado la escopeta. Todo estaba normal, y para consolidar esa normalidad me puse a hacer lo que normalmente hacia alli: leer.

Leí durante mucho tiempo, no sabría decir cuanto pues finalmente me quedé dormido en el sillón. Amanecí allí sentado, con el libro abierto sobre mis rodillas, algo entumecido por la postura y con el recuerdo difuso de haber experimentado un único sueño largo, intenso y exótico. Me desperté sobresaltado por la resaca de mis temores del día anterior, pero rapidamente me di cuenta de que aquella noche no había pasado nada extraordinario en la biblioteca. Devolví el libro a su hueco en la estantería, apagué la luz y salí de la habitación para asearme, desayunar y disponerme para ir al trabajo.

Antes de salir, le dejé la comida preparada al perro -que había dormido en la cocina- y le hice algunas caricias a las que no respondió con su habitual movimiento acompasado de la cola, sino que se mostro hosco, temeroso e inquieto. "No pasa nada, no pasa nada, tranquilo, todo esta bien...". Tampoco salió a despedirme a la verja del jardín.

Durante toda la mañana estuve pensando en lo que habia ocurrido la noche anterior, es decir, en lo que no habia ocurrido. No dejaba de darle vueltas a la cabeza, porque tenía la sensación de que habia algo en lo que no habia reparado. Descubrí lo que era mientras conducia de vuelta a casa: no había visto la grabación de la cámara de video. No le di demasiada importancia, pues de todas formas estaba convencido de que no habría mucho que ver.

Volví a recordarlo esa misma tarde y fuí directamente a la biblioteca, ya sin ningún tipo de aprensión, para sacar la cinta de la cámara y ponerla en el video que tenía en el salón. La grabación, efectivamente, no mostraba nada extraordinario; tan sólo me veía a mi mismo pasando lentamente las páginas del libro. Seguramente era la película más aburrida que había visto en toda mi vida, más aún que esos típicos videos de bodas que hay que ver obligatoriamente cuando se visita por primera vez la casa de los recien casados.

Para abreviar, pulsé el avance rápido y me fuí a la cocina a calentar un poco de café en el microondas. Cuando volví, miré distraidamente a la pantalla y vi algo que hizo que la taza se me cayera al suelo: los segundos del display avanzaban vertiginosamente, la habitación no había cambiado en absoluto y el enfoque seguia siendo perfecto, pero el sillón estaba completamente vacio. Como pude comprobar después, desde las 2:34 de la madrugada hasta las 3:30, momento en que se terminó la cinta y finalizó la grabación, yo no estaba en el sillon. Y tampoco estaba el libro.
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Puma



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MensajePublicado: Mar Dic 25, 2007 1:32 pm    Título del mensaje: Responder citando

4. Un libro parlante. (Puma)


Las palabras unidas de los libros siempre habían causado fascinación en mi mente desde muy pequeño: comics , novelas... Hasta que empecé a leer cada vez con más voracidad.

Disparaban mi imaginación llevándome a mundos siempre nuevos, siempre por descubrir, siempre por reinventar, siempre por recordar; tanto que puse una librería intentando impregnar a la gente de mi pasión por los trozos de vida que asomaban en todas las frases que los autores tatuaban en sus páginas.

Por mi afición, o esa tremenda necesidad de sumergirme en los tomos y ver lo escrito en ellos, cuando terminaba el trabajo me iba a la biblioteca, a seguir perpetuando mi gran adicción por la lectura.

Después de la experiencia del día anterior con la cámara de video, que me dejó anonadado, al día siguiente se me ocurrió llevarme una grabadora a ese fascinante mundo de cuentos, relatos, historias, realidad y ficción con la intención de hacer una psicofonía, y comprobar que lo vivido el día anterior no había sido una mala pasada de una fantasía desbordada, o el fallo de un aparato mecánico.

Elegí un libro que había leído muchas veces y comencé a recrearme en su mundo de fantasía-realidad, conecté la grabadora, y lentamente me fui perdiendo entre sus letras. A medida que me recreaba en ellas, las frases se fueron convirtiendo en sonidos, ya no leía, el libro me narraba con viva voz toda su trama.

Con ansiedad y una tremenda avidez, quería que me lo contara todo, de labio a oído.

Lo acabé antes de que sonara el clic anunciador del final de la cinta. La rebobiné esperando escuchar algo más que el producto de una alucinación, algo que se pudiera haber grabado en el silencio de ese palacio mágico donde los libros tenían vida propia. No se escuchaba nada, sólo el leve sonido de mi mano pasando páginas, hasta que al final de la cinta, para gran sorpresa mía, empezó a sonar la dulce y melodiosa voz de una niña que decía: Beppo, no corras, recuerda: un paso, una respiración, una barrida. Tu amiga Momo.

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RiosDeTinta
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MensajePublicado: Mar Dic 25, 2007 5:30 pm    Título del mensaje: Responder citando

5-Detrás de la puerta. (RiosDeTinta)

Todos los sucesos acaecidos en tan pocos días, me estaban llevando a un estado de shock de difíciles consecuencias.
Revisé atónito cuanto ocurría: palabras saliendo de los libros, liliputienses atacándome durante la noche; cintas de vídeo en las que desaparecía sin más, sin una explicación que me recondujera a la luz; grabaciones de voz alucinantes con mensajes velados…

Definitivamente, todo aquello me parecía demencial, cada noche, mi mundo se transformaba en un asedio de circunstancias diferentes, y la Biblioteca se convertía en el campo de una batalla en la que todo indicaba un final impredecible.

Esa noche, no entraría en la biblioteca. Esa noche la dedicaría a revisar punto por punto cuanto me estaba ocurriendo.

Me preparé un café mientras “Perrogrullo” mordisqueaba un hueso junto al fregadero. Miré a mi perro preocupado. Desde la noche del vídeo, se me acercaba poco en busca de caricias, alejándose de mí cuando intentaba acariciarlo. Olisqueaba la puerta de la Biblioteca sin atreverse a entrar, y en más de una ocasión, le había sorprendido gruñendo delante de la puerta de la habitación.

Mi mundo giraba en torno a esa incógnita encerrada detrás de una habitación repleta de libros, palabras y signos encuadernados en piel, colecciones incunables, primeras ediciones, títulos con pocas ediciones de autores más que reconocidos… ¿Qué era lo que se escondía entre aquellas cuatro paredes?. Y lo que más me atormentaba ¿Cuál era el motivo que había desencadenado vida en mi biblioteca?.

Revisé minuciosamente la cinta de vídeo, pero no me reportó nada nuevo. Yo desaparecía durante un espacio de tiempo sin comprender el cómo, el por qué y el dónde.

Volví a oír la cinta grabada con la esperanza de que me reportara algún signo que hubiese pasado por alto al escucharla por primera vez. Pero mi desazón fue en aumento al comprobar que nada tenía sentido, comprendiendo que lo único aparentemente cierto, es que estaba perdiendo el juicio.

Perrogrullo se precipitó sin preaviso a la puerta de la Biblioteca ladrando como un poseso y le seguí presa del pánico con la esperanza de que aquella noche, nada me importunara.

Por debajo de la puerta, el agua se filtraba mojando la moqueta. La abrí.

Un estruendo de olas al batir contra las rocas me dejó perplejo mientras observaba la biblioteca convertida en un mar improvisado en cuyo centro Moby Dick o lo que mi raciocinio interpretó como tal, se sumergía en las profundidades del océano de la Biblioteca.

Perrogrullo gimió aterrado y se apartó de la puerta escondiéndose en el salón; mientras, en el horizonte de ese mar encrespado, un barco izaba sus velas para capturar a la ballena.
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exprofeso



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MensajePublicado: Mar Dic 25, 2007 8:06 pm    Título del mensaje: Responder citando

No se que decir. Estoy encantado; habeis hecho lo mejor que podia esperar: os apropiais del relato, lo haceis vuestro, os tomais la libertad de ponerle nombre a los personajes, de reconducir la trama... y todo con calidad, incrementando la intriga, definiendolo y concretandolo, añadiendo notas de color.

Excelente idea convertir al prota en propietario de una biblioteca; le da sentido a la narración y añade aún más posibilidades. Y que decir de Perrogrullo, que merecía ya un nombre y un papel más importante en la historia. Y, bueno, Moby Dick en el centro de la biblioteca... ¡la imaginación al poder!

El relato es ahora una espiral creciente, ecléctica como no podia ser de otra forma, y ya camina solo, como un tren a toda velocidad con una inercia imparable.

Ni siquiera me atrevia a incluir este comentario para no ejercer de critico o propietario, para no situarme en un plano superior que en absoluto me corresponde, porque gracias a vosotros ya disfruto más leyendo esto que escribiendo. Pero dejo estas letras en cursiva para agradeceros vuestra participacion en esta curiosa cooperativa y para animaros a vosotros a repetir la experiencia y también a todo el que quiera a subirse a este tren y ponerse por un rato a conducirlo. Incluso renuncio a mantener los ceniceros impolutos.

Y me abstengo completamente de dar ninguna directriz, de aportar alguna idea que pudiera condicionar un hipotético próximo capitulo. Pero os invito tambien a dejar por aqui algún que otro parrafillo en cursiva, hablemos de esto, aprendamos de esto: tenemos mucho conocimiento que compartir.

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Escarlata O'Perez
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MensajePublicado: Mie Dic 26, 2007 7:07 pm    Título del mensaje: Responder citando

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A Matilda la inserto después del de Elisa...un poquito más abajo

más...



más...


mássssssss! :jum:
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Ultima edición por Escarlata O'Perez el Mie Dic 26, 2007 8:33 pm; editado 1 vez
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Escarlata O'Perez
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MensajePublicado: Mie Dic 26, 2007 7:14 pm    Título del mensaje: Responder citando

Ya he ensuciado los ceniceros introduciendo un nuevo personaje. ¿Qué le sucederá a Matilda?. ¿Podrá nuestro intrépido "desmayador crónico" encontrarla?. :leer:

Por cierto... ¿El prota, tiene nombre? Creo que deberíamos bautizarlo. Ya que Ríos ha bautizado al perro, qué menos que darle un nombre al protagonista. ¿No?. qshatter

Chicos, no sé vosotros, pero yo me estoy comiendo las palomitas a la espera de saber cómo prosigue esta historia.

Venga, venga, no dormirse, que ya me he comido las uñas de las dos manos y, estoy empezando con las de los pies!. Sed compasivos y que alguien lo siga. Twisted Evil

cold y :119:

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exprofeso



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MensajePublicado: Mie Dic 26, 2007 7:34 pm    Título del mensaje: Responder citando

Pues yo no voy a hacer el siguiente capitulo, aunque me gustaria. Pero esto va funcionando muy bien, y cada nueva mano aporta cosas nuevas a la historia. Matilda aporta basicamente dos cosas importantes al posterior desarrollo de la historia: una posible historia sentimental, que promete bastante, y verdadera accion, con la que el conjunto se enriquece enormemente. Así que voy a esperar un poco y voy a meter tambien unas palomitas en el microondas.

El nombre del prota se va a decidir por rapidocracia: el primero que se proponga. Pero, claro, para proponerlo hay que escribir un capitulillo... no es mucho pedir, ¿no? Wink

Escarlata, encantado de que hayas usado los ceniceros. Me ha gustado mucho tu aportacion, has abierto aun mas el relato y enredado la trama. Y le has añadido dos importantes condimentos que faltaban. Vuelve, y pronto. Aqui no hay orden, ni turnos, ni mas invitacion que el propio deseo de coger las riendas.

Y ahora si apunto una idea: ¿es que nadie se atreve a meterse dentro del mundo de los libros? Me parece que la historia pide ya esa inmersion, ese avance necesario para desvelar el secreto. Tratar de rescatar a Matilda seria una magnifica oportunidad...

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Elisa Lattke
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MensajePublicado: Mie Dic 26, 2007 7:58 pm    Título del mensaje: Re: LA BIBLIOTECA Responder citando

[quote="exprofeso"][i]

6.- INSOSPECHADO PERSONAJE (A. ELISA LATTKE V.)

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Sin perder tiempo y aterrado tanto como el perro por todo lo que me estaba pasando, tuve la precaución de cerrar de golpe la puerta sintiendo como el agua rebotaba tras la misma. El estruendo fue terrible con ese sonido peculiar que tiene el mar cuando la tempestad lo sacude y se estrella contra las rocas... La puerta tembló y el resto de la casa hasta sobrecogerme. Por un momento el pánico se apoderó de mí ante lo que podría ser mi vida desde ese preciso momento. Es que no podía entender del todo el fenómeno y lo que lo producía, como también si podría transformar mi vida y ya no ser el de antes; era tan inverosímil la experiencia, que juraría que lo que estaba viendo era parte de mi imaginación a pesar de todas las precauciones tomadas. Temía que algo se cernía sobre mi vida, un mal del que nunca me iba a recuperar... ¡Realmente me estaba volviendo loco con todas esas visiones!


Pasaron algunos días sin que me atreviese a entrar a la biblioteca, pensaba que todo estaba echado a perder por la tromba de agua, pues casi me había visto envuelto por ella, ¡y como todos los libros flotaban! ... Y, ese barco allí ante mis ojos a punto de estrellarse contra mí o de hundirme el oleaje que se había levantado al abrir la puerta... ¡No sabía si tendría que creermelo! Pensaba que si hubiese seguido allí me hubiesen tragado las aguas hasta el fondo de ese océano que, imaginado o no parecía real. ¿Cómo saber qué era todo aquello o qué lo producía y si podría volver a mi vida normal y hasta ‘salvar’ algo, si es que no lo había destruido tanta agua? Me estaba volviendo loco pensando en que todo podría ser tal cual como lo percibían mis sentidos... ¡Pero cómo saberlo si no deseaba volver a entrar a la biblioteca y tampoco sabía si era yo mismo quien así pensaba o, era otro quien así me viera, desde un absurdo sueño del que aún no me despertaba!


Así que, aterrado, permanecí varios días sin abrir la puerta de la biblioteca y “Perogrullo” se echaba cada noche a los pies de mi cama, sintiéndome mejor con el improvisado guardián de compañía en que se había convertido, además, no tenía a nadie con quién hablar de lo que estaba pasándome. Los animales tenían un doble sentido y podía despertarme en cualquier momento si había algún peligro, pensaba consolándome hasta que me venía el sueño; el perro parecía entender también mi desasosiego volviendo a acercarse a mí confiado, al ver que ni por asomo se me ocurría entrar a la biblioteca; tan sólo nos acercábamos a escuchar mientras el levantaba una de sus orejas y bajaba el rabo temeroso, cuando una de mis manos rozaba el pomo de la puerta. Además ya no había humedad en la alfombra del pasillo y eso me tranquilizaba.


Durante esos días en que dejé de pasar a la biblioteca sacaba a “Perogrullo” a dar un paseo, nos distraíamos caminando por el campo cercano a la casa. El perro lo agradecía y me sentía mucho mejor fuera de la vieja mansión que dentro de la misma. Por momentos meditaba sobre mi vida y me arrepentía de haber permanecido soltero y no haberme casado, pero necesitaba viajar y pasar la mitad del año descansando en la finca y cazando de vez en cuando. Me pesaba en parte esa soledad pero sabía que se trataba de un reproche que me hacía y me compadecía a sí mismo por la situación que provocaba mi preocupación por todo lo sucedido. A raíz de tan extrañas experiencias la escopeta se había convertido en una necesidad que me acompañaba en los paseos con el único compañero que tenía a mi lado, ya no me desamparaba y permanecía siempre conmigo sin abandonarme; tampoco sabía cuál era el rostro de 'mi enemigo'... ¡Habían sucedido demasiadas cosas extrañas! Algunas veces al mirarme al espejo me veía demudado por falta de sueño, con la barba cada vez más crecida tapándome el rostro, apenas comía y todo sonido me sobresaltaba.


Una tarde después de un largo paseo recordé que había dejado abierto un libro de Herman Melville autor de “Moby-Dick , la novela publicada en 1851 que había adquirido mi abuelo. La escena que había visto con aquel barco era la misma que había presenciado en el cine cuando aún era un jovencito, quizá todo lo que me pasaba era una mera obsesión pasajera y tendría una lógica respuesta, pero podría tratarse de algo autodestructivo. Temía acercarme a la casa de nuevo... El perro también había intuido mi reacción y se devolvió por el camino que nos llevaba de vuelta a la casa, se acercó hasta donde permanecía de pie, sentándose a mi lado; el también miraba el camino y la casa allá en la lejanía a medio kilómetro de distancia de donde estábamos nos esperaba... Amaba esa biblioteca, era la razón de mi vida, allí estaban todos los libros que a lo largo de cinco generaciones había recopilado mi familia, además, la mayoría de las habitaciones estaba decorada con muebles de estilo y madera noble, algunos cuadros eran auténticas joyas y los enormes jarrones chinos y de India adornaban algunos rincones.

No recuerdo el tiempo en que permanecí allí de pie junto a mi perro. Reflexionaba sobre lo ocurrido viendo como las puntas de los viejos cipreses se alzaban a lo lejos donde terminaba la propiedad. Las sombras de la tarde se diluían entre arreboles e hilachas de nubes rojiza y doradas tras las colinas. El ladrido de “Perogrullo” me despertó de mi ensimismamiento y mi curiosidad clavó los ojos en las ventanas de la biblioteca, las que precisamente daban al camino donde me encontraba... ¡Se habían iluminado y yo, su único habitante no estaba allí en ese preciso momento! Sin poder entender del todo lo que estaba sucediendo, sin darme tiempo a pensar más... pude ver que alguien salía de la casa y se encaminaba por el mismo camino donde me encontraba, viniendo a mi encuentro. Parecía un hombre extraño, jamás lo había visto, pero por sus cabellos y su aspecto era un anciano; su forma de andar era pausada, llevaba un hábito y traía algo debajo de uno de sus brazos que no me era desconocido. Me pareció adivinar que era uno de los tomos que estaban en lo alto de una estantería, la que nunca había tocado, al menos no recordaba haberlo hecho, pero sí recordaba su color negro con letras doradas en el lomo. Apreté la empuñadura de la escopeta que llevaba en mi mano derecha y esperé. las manos me temblaban.

Las luces de la tarde se escondían tras las colinas y la sombra de la figura del hombre acercándose, se alargaba por delante del mismo. “Perogrullo” seguía sentado a mi lado y decidió echarse pegando su hocico sobre la tierra, parecía muy tranquilo. Los dos decidimos no movernos y esperar al personaje desconocido... Hubiese deseado desaparecer del camino después de tantas cosas como me habían pasado, cerré fuertemente los ojos y deseé con toda mi alma estar soñando, pero era necesario saber qué más podría ocurrirme pero no era capaz de levantar la escopeta... Estaba realmente petrificado.

*


Elisa Lattke
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**En el fondo de todas las ideas se enciende y apaga un principio Divino; somos de su sueño una chispa de vida que lo mantiene, por eso necesita de todos para ser llamarada, luz, iluminación, ¡fuego!
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Ultima edición por Elisa Lattke el Mie Dic 26, 2007 10:19 pm; editado 2 veces
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Escarlata O'Perez
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MensajePublicado: Mie Dic 26, 2007 8:31 pm    Título del mensaje: Responder citando

Bueno, Elisa, veo que has seguido el hilo de Ríos (glotona, te comiste el mío :beb: ), así que lo borro e intentaré adaptarlo al tuyo.

Vamos allá! pc

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Elisa Lattke
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MensajePublicado: Mie Dic 26, 2007 8:36 pm    Título del mensaje: ¡Escarlatta O'Pérez!!! Responder citando

Escarlata O'Perez escribió:
[i]Bueno, Elisa, veo que has seguido el hilo de Ríos (glotona, te comiste el mío :beb: ), así que lo borro e intentaré adaptarlo al tuyo.

Vamos allá! pc
[/i]


Shocked
Lo siento mi Escarlatta querida, si me hubieses dicho algo, soy buena y te hubiese dado ese privilegio de seguir el hilo de rios... Embarassed

Suerte, espero no haberla enredado mucho y por favor no vayas a pegar un tiro que ese libro guarda el secreto... Cool Besos.


cold
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