Puma

Registrado: 24 Nov 2006 Mensajes: 1348 Ubicación: En la jungla de asfalto
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Publicado: Vie Feb 27, 2009 7:29 pm Título del mensaje: EPIDEMIA DE INCONCIENCIA |
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El primero que sucumbió a la enfermedad fue el sabio chamán de la tribu. El ataque fue tan súbito que lo cogió totalmente desprevenido, apenas la noticia comenzó a conocerse, cuando el enfermo abandonó este mundo.
La juventud se rebeló más sensible a la epidemia del cólera. Las mujeres, niños y ancianos, fueron atacados por el tedio. En cuanto al miedo, los golpeó con fuerza a todos y muy pronto pudieron verse sus estragos.
Los viejos reclinaban rápidamente, las mujeres ya no sonreían ni cantaban, los jóvenes, exaltados por los ataques de rabia, no podían contenerse y se peleaban, se desgarraban e incluso, se mataban entre ellos. La inconciencia supo emplear la energía de su fiebre y los envió lejos con la misión de exterminar a las tribus salvajes, a los bárbaros, a los no civilizados desiguales del planeta, a todos los que permanecían en la ignorancia de su culto.
- Es preciso-, decía la inconciencia, -coger a esa gente por sorpresa, destruirlos antes de que descubran el arte de la guerra, antes de que se planteen destruir nuestras posesiones siquiera-
Muchos jóvenes no regresaban de estas expediciones de rapiña y masacre, los que volvían parecían curados del cólera, es cierto, pero caían presos de una debilidad tan amarga que sucumbían con facilidad a los ataques del tedio.
Lo más extraño fue el destino de los niños. Ya no sabían jugar, así que los padres empezaron a fabricar juguetes y a enseñarles cómo matar el tiempo. Con estos artificios, esperaban arrancar de nuevo algunos gritos de alegría en aquellos pequeños a los que ya nada divertía. Pero el esfuerzo fue en vano, a partir de entonces, muy pocos llegaron a la edad adulta, y los que lo conseguían, no era más que en apariencia, pues habían dejado su alma atrás, sin remisión evadida.
Si la epidemia del tedio en ocasiones remitía, si la fiebre colérica, a veces parecía atenuarse, el miedo obsceno hacía estragos sin tregua y sus efectos se notaban en lo más profundo.
Se perdió definitivamente la confianza. El amor, la amistad, la sinceridad desapareció. Todos desconfiaban de todos, de los demás, de si mismos, de sus propios pensamientos. Por miedo a que alguien pudiera oírlos, en pleno día susurraban, buscaban la penumbra. ¡ Los amigos ya no eran amigos! Las palabras de amor ya no eran motivo de canciones, los impulsos, la simpatía, hacían sospechar la traición. Ya nadie se atrevía a salir de casa, la vasta llanura familiar que rodeaba la villa, por donde había venido la inconsciencia , parecía hostil, inquietante, una verdadera tierra de pesadilla. En sueños, muchos la veían atestada de caballeros negros, de terroríficas montañas cabalgando el horizonte, de fantasmagóricas sombras surgidas de las sombras. Las noches se volvieron interminables, la gente se despertaba sobresaltada, bañada en sudor, sobrecogida de espanto , de la cabeza a los pies temblando.
Y nadie, ¡ay!, que descubriera la verdad, nadie que desvelara el secreto, nadie que supiera que el jefe era la inconsciencia, que el enemigo era el ego del mito. Nadie que averiguara el origen del mal. Nadie, en fin, que previera lo peor, lo que iba a devastar el corazón, devorar las almas, y devorarse a si mismo desde dentro.
Puma _________________ El corazón es libre, ten el valor de serle fiel. |
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