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EL AROMA DE LAS ROSAS

 
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Pergamino
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Registrado: 23 Nov 2006
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Ubicación: Ríos De Tinta
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MensajePublicado: Lun Dic 11, 2006 11:50 am    Título del mensaje: EL AROMA DE LAS ROSAS Responder citando

-En el Valle del Dadés el color se extiende más allá del horizonte y, el aroma de las rosas, impregna el aire de todo el lugar- Jeremí Le Luc sonreía a su interlocutor, un marroquí que había conocido casualmente aquella tarde en la kasba mientras esperaba el jeep que debía recogerle y trasladarle a El Kelaà M’gouda.

Perfumista de profesión , a Jeremi le habían hablado de la calidad de la rosa damascena que se cultiva en la región y conocía la fama de la esencia de rosas que fabricaban sus colegas franceses afincados en la zona.

Hammamet Al- Mudad, cogió un dátil y lo comió con avidez mientras, Jeremi, bebía su té pensativo. Le Luc era un hombre apacible. A sus cincuenta años había logrado conquistar la paz que todo hombre anhela y se sentía feliz del reencuentro prometido con un amigo de la infancia en aquellas tierras de belleza exquisita. René solía ser puntual, pero en el fondo, Jeremi deseaba que por una vez, se retrasara lo suficiente para seguir charlando con Hammamet de aquel valle con el que tanto tiempo soñaba y anhelaba conocer.

Un jovencito se acercó a la mesa preguntando por el Sr. Le Luc. Llevaba una nota en la mano que le entregó esperando recibir su propina. Jeremí le dio unas monedas, y leyó el pliego arrugado mientras, Hammamet le observaba con fingida indiferencia.

- Mi amigo René no puede recogerme. ¿Sabes cómo podría llegar a Kelaâ M’gouda?.

Hammamet afirmó esgrimiendo una inmensa sonrisa de oreja a oreja.
-¡Claro!. Tengo un coche y yo mismo puedo llevarte a Kelaâ. Mi primo Honnet insiste siempre en que vaya a visitarle. ¿Cuándo quieres partir?.
Jeremí no quería demorar su marcha más allá de lo imprescindible, así que acordaron reunirse una hora más tarde a las afueras de Ouarzazate.


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MensajePublicado: Lun Dic 11, 2006 11:50 am    Título del mensaje: Enlaces Patrocinados



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V.nas
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Registrado: 04 Mar 2007
Mensajes: 566
Ubicación: los pies en la tierra , la cabeza en el cielo
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MensajePublicado: Jue Mar 08, 2007 2:44 pm    Título del mensaje: Responder citando

Por alguna razón que no podía explicar , Maria se sentía inquieta . No era la primera vez que Jeremi se iba en busca de especias , esencias , y flores con los que realizar su labor de alquimista y lograr , si no El Agua de la Vida Eterna, sí el perfume que opacara a cualquier otro aroma conocido. Ese perfume suave pero penetrante, indefinido pero irresistible, sutilmente atrayente , envolvente y cautivador, que rindiera y esclavizara a quién penetrara en su etéreo campo de acción.
Había logrado perfumes increíbles , pero nunca parecía estar satisfecho. La utilizaba como cobaya pues aseguraba que poseía el ph perfecto para la química de cualquier esencia. Podría decirse que era la mujer más deliciosamente aromática conocida, todos estaban hechos para ella sobre ella, para su piel y su encanto cautivador según sus propias palabras.
Pero lo que había empezado como un desafío amoroso que aportaba grandes beneficios , se estaba convirtiendo en una necesidad obsesiva. Jeremi , ya vivía más para su olfato ,que para la realidad de lo cotidiano. Los olores se habían convertido en la primicia y motor de todos los intereses , hasta el punto de ponerse a recabar información ante cualquier noticia referente al hallazgo de nuevas especies en la naturaleza .
Estaba acostumbrada a sus idas y venidas , incluso había llegado a acompañarlo hasta que se cansó de ser picada por todos los insectos del mundo , podía jurar que tenía un ph muy atrayente , pero al mismo tiempo muy inconveniente según que casos.
Pero esta vez , todo había resultado muy precipitado y le había advertido que no se preocupara si tardaba en regresar , iba a encontrarse con un viejo amigo lo que podría motivar su retraso; todo muy normal…Pero sin justificación argumental alguna , la inquietud la invadía…
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antaviana



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MensajePublicado: Mie May 16, 2007 10:05 pm    Título del mensaje: Responder citando

... Y tenía motivos para inquietarse. La última vez que Jeremi había salido en busca de nuevos descubrimientos tardó unos días en ponerse en contacto con ella. El aroma de rosas producía un impacto muy fuerte en algún rincón de su ser. Fue en el riad donde se hallaba alojado, que disponía de un tranquilo patio rodeado de fuentes tornasoladas y de rosas de aroma penetrante, le habían servido un té con unas pastas de miel y pétalos de rosa y un ligero sopor le invadió....
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Escarlata O'Perez
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Ubicación: En un lugar muy, muy lejano...
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MensajePublicado: Mie May 16, 2007 10:10 pm    Título del mensaje: Responder citando

Sin embargo, esta vez todo era distinto. Jeremí la había besado apasionadamente antes de irse diciéndole -he de hacerlo, María. Es el viaje que ha de llevarme hacía lo que estoy buscando desde hace años-

Y ella, le había creido, aunque un cosquilleo extraño en el estómago le anticipaba que algo, no iba bien.

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Elisa Lattke
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Registrado: 10 May 2007
Mensajes: 1708
Ubicación: Donde aún se sueña
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MensajePublicado: Mie Jun 20, 2007 11:27 pm    Título del mensaje: Re: EL AROMA DE LAS ROSAS Responder citando

...Continuación:

Ese cosquilleo que había sentido se debía a los preparados de alquimia que estaban causando furor en la ciudad. Era una receta mágica que alargaba la vida y, además, se notaba un sensible cambio en las células, frenándose por completo el envejecimiento, algo más que no querían contar. Pero nada de lo que estaba sucediendo en el laboratorio casero, podría descubrirse porque era dinero negro y un negocio clandestino, las leyes eran drásticas y no podían arriesgar demasiado. Jeremí lo sabía y temía ser descubierto. Sin embargo la pobre María era utilizada como conejillo de indias. Estaba sufriendo las consecuencias d los cambios que el preparado estaba haciendo en su cuerpo y ese secreto no podría durarles mucho tiempo.

María sentía sudores acompañados de una sed terrible, con sofocos cada vez fuertes, sobre todo cuando llegaba la noche. Eran los síntomas inevitables hasta que que el organismo celular se normalizaba, pero llevaba con mucha ansiedad y preocpación los cambios, aunque cada día que pasaba, al mirarse desnuda ante el espejo, se iba enamorando de sí misma. Le suministraban el producto en dosis muy pequeñas pero el prodigio de la misma, en sus resultados era lo más interesante. De vez en cuando, se escapaba a las Termas de Raigún para sumergirse en las sulfurosas aguas del Kephar que eran beneficiosas y relajantes, asíi mermaban sus ansiedades. Iba acompañada por el anciano Geimur, el viejo inglés de las colonias que sabía bastante de fitoterapia, era amigo de la familia desde hacía mucho tiempo. Nadie podía saber nada de lo que estaba pasando salvo el anciano y María, por supuesto que Jeremí también se beneficiaba de los cambios, pero éste como María eran jóvenes y no podían exagerar las dosis del preparado. Lo inquietante es que a raíz de los experimentos llevados a cabo con ella, resultaba que iba cambiando no sólo de aspecto, sino que poco a poco la joven se transformaba, de forma tal, que era evidente el cambio y no se parecía a la María de antes, su atractivo era maravilloso desde que consumía el preparado. Además, Jeremí, siempre alejado de todos y ocupado en sus cosas, había notado algo extraño al ver que María no medía la misma altura de antes; recordaba que era un retaco y, al pasar por la ventana del corredor donde estaba su habitación ni se enteraba si iba o venía, aunque estuviese despierto, ¡es que nunca la veía pasar por delante de la ventana! Pero desde hacía un tiempo notaba que poco a poco iba creciendo y, ella, sin empinarse para asomarse a la habitación, le sonreía al pasar de forma maliciosa y descarada, pues allí echado sobre su cama con ese calor insoportable, no se ponía nada para dormir. Antes, cuando ella lo hacía ni lo podía ver, pensó que a la joven le resultaba divertido que aún estuviese a esas horas bien entretenido, precisamente cuando ella se marchaba a Raigún.

El dueño del almacén donde acudían necesitaba del producto que el anciano inglés y María, conseguían al escondido, adulterándolo, así podían cambiarlo por cosas en el mercado. Esta vez, pensaban, seguro que conseguirían las cosas que necesitaban: ropas y calzado sobre todo, total, eran unos cuantos gramos de 'droga milagrosa' con sémola de amapolas la que llamaban "Marje", por aquello de Jeremí y María... Así le había puesto el viejo Geimur cuando se la ofreció al tendero.

También el anciano inglés recibía pequeñas dosis del producto que echaba en el té todas las tardes, lo acompaña de pastelitos de higo. Esos deliciosos higos silvestres que cogía por el camino cada mañana, alegando que "eran buenos para aligerar el vientre"... pero en realidad le producían flatos y María tenía que soportar ‘el motor de arranque del viejo’, que encima se quedaba mirándola sonriente, mientras caminaba a sus espaldas como si fuese en moto; ella aligeraba el paso pero éste la seguía imitándola tropezando por el camino para no perderla de vista. María lo observaba con ira contenida y comprobaba que había pasado de ser un hombre decrépito, a tener quince años menos en poco menos de una semana, hasta le había vuelto a salir cabello, ya no cojeaba ni se quejaba de su reumatismo crónico; hasta su voluminoso vientre había desaparecido como si se tratas de un milagro. Aún así, Geimur era un pelmazo de mucho cuidado, insoportable. El problema del cambio en el viejo no era bueno para la joven, pues de vez en cuando notaba como le miraba más de la cuenta y como le entraban sudores, desbrochándose la camisa y poniéndose totalmente enrojecido; pero no era por el preparado en el té caliente..., eso estaba claro, había conseguido que sus males de próstata desaparecieran... pero también era porque María... "¡estaba como un tren de alta velocidad!"- Así se lo había dicho Bahnan Midúj el joven jardinero de la casa a Geimur delante de ella, no pudiendo contener la risa lo había celebrado con malicia y, el viejo, le celebró la gracia con otra estruendosa carcajada.

María se sentía turbada cuando los pequeños ojos verdes del 'anciano', completamente en periodo de rejuvenecimiento, se le iluminaban de forma extraña fijándose en ella a cada rato; otras veces, cuando caminaban hacia el mercado de la ciudad, hacía como si se tropezara al andar para rozarla con su cuerpo a`propósito. Lo sabía e intentaba hacerse a un lado a tiempo y, el anciano, más de una vez iba a dar con su cuerpo al suelo. La muchacha hacía lo imposible por no reír al ver al 'pobre viejo' levantarse para limpiarse el polvo de su impecable traje blanco, el que solía llevar siempre desde que le conocía, pero era necesario 'ponerle a raya' , frenando sus osadías tan descaradas porque iba muy acelerado con el tratamiento, -pensaba la joven, Geimur volvía a ser “el viejo verde de antaño”, como le había contado su abuela Ivila, que había sido un mujeriego y se contaba por decenas los hijos, que tenía regados por todo el país en todo sus viajes; no era de extrañar la cantidad de mujeres entradas en años que el anciano saludaba a su paso y, ellas, le devolvían una sonrisa con mirada cómplice. Lo gracioso era que, ahora que le veían rejuvenecido como antaño, se quedaban sorprendidas al verle sin dar crédito a lo que seguramente les recordaría en sus cuerpos otros tiempos. Posiblemente que en plan de ‘reconstrucción celular’ volvería a las andadas, que por lo mismo ya se había fijado en ella, precisamente en la única mujer joven que tenía más cerca para empezar a seducirla. Pero la joven sabía que el anciano aún "necesitaba tres cocciones para hacer un buen caldo"y, aún cambiado, como le conocía de mayor le producía asco; pues era todo muy artificial y no se sabían aún los resultados reales del tratamiento; si era seguro y definitivo su esperado resultado, las cobayas utilizadas permanecían sin alteraciones. Su abuela Ivila a quien también sedujo años atrás Geimur, aunque no la dejó embarazada..."¡menos mal!" - pensaba la joven- ¡Porque podría ser hasta su hija! Geimur cada día que pasaba no dejaba de mirarla con lujuria y ya no era el que la cuidaba como antaño, ¡era un peligro! Era quitárselo de encima cuando se empeñaba en verla desnuda en las termas, pero no tenía ninguna duda, si tuviese que inclinarse por alguien escogería a Jeremí... Volvía la joven a pensar y recordaba viéndole allí desnudo en su cama cada mañana, cuando al pasar por el corredor le miraba... ¡Menudo cuerpo tenía, lleno de sorpresas! Pero le aterraba volver a su infancia sin haber disfrutado de su juventud, sin haber sentido lo que en ese momento se despertaba por Jeremí...


-En el Valle del Dadés, indudablemente, algo había empezado a cambiar. Y ese aroma de las rosas se hacía más penetrante y envolvente, era como un murmullo que se desvelaba y aún guardaba el secreto de su hechizo.



Elisa.

_________________
**En el fondo de todas las ideas se enciende y apaga un principio Divino; somos de su sueño una chispa de vida que lo mantiene, por eso necesita de todos para ser llamarada, luz, iluminación, ¡fuego!
¡Sopla, Señor, sobre mí, sopla para que no apague!* (alv-09)


Ultima edición por Elisa Lattke el Jue Nov 08, 2007 12:55 pm; editado 4 veces
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POLgarci



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MensajePublicado: Lun Ago 13, 2007 4:38 pm    Título del mensaje: Re: EL AROMA DE LAS ROSAS Responder citando

Pergamino escribió:
-En el Valle del Dadés el color se extiende más allá del horizonte y, el aroma de las rosas, impregna el aire de todo el lugar- Jeremí Le Luc sonreía a su interlocutor, un marroquí que había conocido casualmente aquella tarde en la kasba mientras esperaba el jeep que debía recogerle y trasladarle a El Kelaà M’gouda.

Perfumista de profesión , a Jeremi le habían hablado de la calidad de la rosa damascena que se cultiva en la región y conocía la fama de la esencia de rosas que fabricaban sus colegas franceses afincados en la zona.

Hammamet Al- Mudad, cogió un dátil y lo comió con avidez mientras, Jeremi, bebía su té pensativo. Le Luc era un hombre apacible. A sus cincuenta años había logrado conquistar la paz que todo hombre anhela y se sentía feliz del reencuentro prometido con un amigo de la infancia en aquellas tierras de belleza exquisita. René solía ser puntual, pero en el fondo, Jeremi deseaba que por una vez, se retrasara lo suficiente para seguir charlando con Hammamet de aquel valle con el que tanto tiempo soñaba y anhelaba conocer.

Un jovencito se acercó a la mesa preguntando por el Sr. Le Luc. Llevaba una nota en la mano que le entregó esperando recibir su propina. Jeremí le dio unas monedas, y leyó el pliego arrugado mientras, Hammamet le observaba con fingida indiferencia.

- Mi amigo René no puede recogerme. ¿Sabes cómo podría llegar a Kelaâ M’gouda?.

Hammamet afirmó esgrimiendo una inmensa sonrisa de oreja a oreja.
-¡Claro!. Tengo un coche y yo mismo puedo llevarte a Kelaâ. Mi primo Honnet insiste siempre en que vaya a visitarle. ¿Cuándo quieres partir?.
Jeremí no quería demorar su marcha más allá de lo imprescindible, así que acordaron reunirse una hora más tarde a las afueras de Ouarzazate.


Pergamino


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