Por algún lado he perdido el alma cansada de ayudarla a levantarse, porque es ella la que suele caerse siempre, mientras mi cuerpo la mira preocupado. ¡Cómo volverla a sentir si se quedó en el horizonte embelesada, cómo volverla a tener si se marchó de viaje ante mis torpezas, cómo volverla a percibir, si me desprecia! Pasa que, en esa corriente humana a la que no está acostumbrada, se extravía y por eso la pierdo de vista; es posible que tenga frío y se abrigue poniéndose un chal rojo sobre los hombros, la pobre es tan ingenua que sigue dándose desnuda al mundo y, a veces se olvida que tiene cuerpo y es vulnerable a las críticas.
La corriente humana es como el agua en el río de nuestras vidas. Ella nos mueve y nos arrastra donde previamente nos empuja un destino que desconocemos. Es densa, fluida y rápida en algunos casos y aunque en su caudal sepamos de los peligros, las ensenadas de las aguas mansas y no peligrosas, como también de los vados por donde podemos cruzar al otro lado de las riberas, debemos tomar precauciones cuando no conocemos el movimiento de algunos remolinos que no nos hablan de su peligro...pero giran felices incansablente en su danza mundana, nos arrastran embobados y nos centrifugan, pero somos culpables quienes nos acercamos al peligro.
Siempre he preferido zonas de remansos allí donde nos sentimos felices y nos sentamos en los riscos, sin temor al nada que pueda sobresaltarnos, porque nos atrae su belleza para contemplar el paisaje; o las explanadas de los cañaverales sintiendo cómo la corriente del río golpea sin cesar con su música en percusión, en medio del empinado monte que nos maravilla. El río de la vida es así, pero a veces se hace difícil ir en el y no por sus remolinos. Está lleno de estorbos rocosos que serpentea a su paso, donde se desliza por un lecho pedregoso, donde discurre y tropieza y conserva el equilibrio conduciéndose con elegancia hacia el valle. También las ramas caídas de árboles podridos le entretienen porque forman empalizadas que lo desvían, puede ser un problema, aunque la mano del hombre es la peor, ella le confunde, le aparta, le rompe su curso, lo ignora para siempre y hasta pierde su nombre.
El río de la vida nos puede dar su sonido apacible en cantos rodados y acariciados por sus aguas. Algunas veces el, sí que puede ser fiero, bravo y ruge en las crecidas que amenazan inundarnos y hacernos desaparecer... poniendo freno a nuestras temeridades. El río conoce a quien se desnuda y guarda su ropa para vadearle...
Conocemos sensiblemente sus riberas con su musgo que reviste la rocalla, la que se nutre en las orillas con la humedad como también cuando se esponja feliz con el paso del agua, reverdeciéndolo. Conocemos también algunas aves que merodean por su cauce como el "martín pescador" que otea desde la rama para alimentarse de los peces ingenuos que salen a tomar aire; y levantando el vuelo en picada se lanza desde su rama en un impulso raudo y penetra en la corriente, allí donde es más tranquila el agua y puede divisar su pieza, consiguiendo su objetivo. Por eso permanece en la rama observando a los peces cuando necesitan respirar... El río humano por eso es comparable.
Sabemos de la ágil nutria, la serpiente de agua y del cangrejo, unos y otros buscan alimento bajo el agua. El resto de los animales del bosque también la necesitan. Y en algún recodo donde se empapan las hondonadas llenas de maleza, impregnadas de las crecidas del río se forman grandes charcas de agua. Allí hay todo tipo de plantas rastreras en medio de los árboles que las protegen, en lo más abrupto del bosque, como si la naturaleza sumergida fuese manglar que se adapta a la humedad. Hay otra fauna que se nutre de las excelencias naturales que producen las crecidas del río, donde se escucha el sonido de las ranas al caer la tarde y los sapos cansinos e inflados de regocijo, se adormecen entre las piedras o van dando saltos torpemente por los apiñados juncos de la orillas, estremeciéndoles; hacen que el agua empozada se rice dulcemente ondulando hasta acariciar la otra orilla.
Cuando las sombras corren hacia los montes no quieren dejar que se escape la luz, intentan abrazar los últimos celajes allá en el mar, donde otras miradas humanas la transforman en nostalgia...y siempre rueda alguna lágrima haciéndose preguntas. Gime el valle interior cuando escucha el paso del viendo peinando los pastizales...y la gaita abandonada suena sola. Bosteza la tarde para despedirse de la luz y siente frío el alma de chal rojo sobre los hombros....
¡Oh, qué lejanías de nostalgias nos enamoran! Y esas últimas luces que nos regala el día brillan resplandecientes, permaneciendo largo rato dubitativas...y nos piensan, porque una vez estuvimos mirándonos ambas contemplativas, sorprendidas de pertenecer a lo mismo que nos unía, porque sin mis pensamientos los ocasos para las almas amantes que se quieren nunca son repetidos; ellas no pueden darse a conocer y quien los describe les infundo vida con palabras. Es el más bello cuadro que contemplamos aunque sean siempre repetidos, jamás son iguales por las transformaciones que las nubes hacen en el aire con sus danzas que lo adornan, y como el viento juega con el movimiento de las mismas, que poco a poco se deshacen y desaparecen, hasta mezclarse con la oscuridad de la noche. Entonces, se pasea la luna del brazo de las tinieblas para brindarle un poco luz hasta donde pueda verla. Los ocasos son temporales que se adueñan de nuestros sentidos, que oscurecen deseos apagando para siempre dentro del alma, esa que perdemos cuando no sabemos retenerla a nuestro lado ¡Y todo pas por un maldito guijarro que estaba en mitad del río, interrumpiendo su cause!
A veces las torpes ranas son capaces de resbalar por las laderas y llevarse consigo unos cuantos guijarros, donde deseaban apoyar sus ancas para no verse provocadas por el viento que les daba de lleno, cuando no debían de intentar salvarse y sí morir por evitar que algún cayese en la corriente. Es posible que alguna rana quisiera hacer algo y sepa de mi alma algo bueno por salvarla, y no pudo detenerla en su caída...yéndose con ella para siempre.
Pero el río sigue como toda corriente en el cuerpo profundo del seno del planeta, sigue desde sus entrañas avanzando hacia el corazón de los mares en eterno movimiento de mantener nuestro habitad vivo, latiendo. Es allí donde permanecemos en silencio, devorados por la curiosidad de conocernos, como pequeños corpúsculos pensantes, el y nosotros, como una arteria de sangre impulsada por el latido de su corazón y, nosotros igual con nuestros ríos interiores intentamos sobrevivir con las venas cortadas, desangrándonos por el dolor de perderlo todo. Unas veces ralentizando el caudal entre nuestras inquietudes o alegrías, haciendo que nunca terminen y nos produzcan muchas satisfacciones antes de llegar; otras, consiguiendo por fin la plenitud en el estuario que nos espera para fundirnos con su mar... Percibiendo del mundo el empuje que anima a ir más rápido o precipitarnos en cascada... A veces, “sólo falta un guijarro en el lecho del río para que se salga de madre...” dice un proverbio; ¡sí, uno solo que nos arrase... y qué hacía el maldito guijarro allí tan mal puesto!
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No deja de ser este peregrinar nuestro de seres humanos una carga de historias positivas y yerros sangrientos, una eterna resurrección en el previo dolor de cada muerte individual o genocida, que sólo asegura la Energía Creadora de la que estamos hechos, para mantener su magma en el fuego de quien la nutre de donde mana tanta maravilla como si fuésemos el pan que se come a diario (¿Acaso, lo es?) El que saca ardiendo día a día del 'gran horno' donde todos permanecemos, a la espera de ser engullidos de nuevo y mezclados son la sal y agua, amasados en la misma artesa pero sin levadura por lo increíble de este sistema, el que nos da la razón de ser hijos de la Creación pero igualmente seres con privilegios para dilucidar por el camino de cada transición, el bien y el mal en continua puja de deseos en el mundo. Y estamos llamados a mantenerlo, cuidar y amar, ¡porque, sin el sentimiento de AMOR no somos nada! ¿O es que si confesamos que amamos demasiado es tan terrible?
Y fue lo que ese gran profeta y ‘enviado’ nos enseñó: “Amaros los unos a los otros”... Sólo que debemos saber de qué está hecha la esencia real de cada amor individual y el otro universal, porque a veces por estúpidos, nos lo cargamos ambos; siendo nosotros mismos los que en estado agónico y desterrados de la esperanza, los mismos que le asesinamos a diario, seguimos siendo los que más le necesitamos... Y pregunto: ¿De qué estará hecho el amor? ¡cuando me he quedado sin alma!
A. Elisa Lattke V.
Ultima edición por Elisa Lattke el Vie Dic 26, 2008 2:56 am; editado 7 veces
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Publicado: Mie Dic 24, 2008 2:20 pmTítulo del mensaje:
No creo que la vida sea tan larga para aprenderlo todo. Pero se nos da lo necesario para servirnos de unas pautas en la conducta, significativas; que desenredan los hilos de la vida pero también enredan o destruyen un tejido valioso con nuestros nexos humanos, si no sabemos aprender de ello. Algo debe ser parte de la manifestación que desconocemos en nosotros, por eso desconocemos el error hasta que no ocurre. Siempre me he preguntado el por qué de algunas cosas significativas que nos abordan, siempre he hallado en mí, el error por tres veces tan sólo en la vida, pero siempre ha habido ese pequeño demonio que nos regala confianza, que interfiere como elemento nocivo por su manera diferente de ver las cosas más sencillas de la vida. Y creemos que lo conoce todo o que es mejor que nosotros y, hasta consigue en sus condiciones lo que nosotros no podemos alcanzar en una vida... ¡Nos equivocamos porque no ahondamos con el espíritu y sí con lo que tenemos más a mano, la materia! Servirse de su realidad y seguridad es su misión. Le contamos nuestras preocupaciones como si fuesen santos de devoción y resulta que encarnan otro tipo de espíritu, resolviendo sus propios errores. Aún no han madurado, porque entonces serían capaces de conducirnos por buen camino, aconsejarnos, evitarnos problemas o atendiéndonos sin decuidar cómo pensamos y qué pretendemos con ello. Así actúan los espíritus buenos, sin desentenderse! Ellos y nosotros, nosotros y ellos, pero siempre esos contactos por infelices y desgraciados que nos sean, nos están abriendo los ojos, nos están dando otra información que precisábamos; nos están regalando lo que aún a ellos les faltará para evolucionar y, nosotros, tenemos la ventaja de darnos cuenta a tiempo y poderlo aplicar en todo caso... Porque se nota en el dolor que se experimenta individualmente y creo, sinceramente que somos nosotros los que aprendemos de ello, aunque asumamos nuestra culpa, porque nada pasa si no damos un primer paso; y otras almas que quizá sepan lo mismo en experiencia parecidas, aprenden, porque comparten estos inconvenietes. El verdadero amor es entendimiento entre los seres humanos. Desgraciadamente siempre van unidos amor y dolor; no es el odio precisamente que acerque a las almas nobles confundidas por las luces. ¡Menos mal que de algo sirve ejercer de 'conejillo de indias'.
Un abrazo amigo y gracias. Veremos si la vida nos ofrece flores de verdad por el camino y no fantasías, para regalar más amor y evitar tropezar en nuestros propios pies, porque debemos asumir los fallos, sin culpar a otros. Sólo que esos otros son importantes porque nos han acomodado a la vida, enseñándonos una lección que no olvidaremos, porque nos han regalado mucha más seguridad en el sentimiento cuando nos probaron los cielos acá en este lugar de tantas penas. No lo olvidemos mi gatote. Un beso. Elisa.
Hoy, mis pinceles no tiemblan sobre el cuadro...¡Ah! eran mis manos que no sabían que era importante lo que hacía: pintar la vida del alma propia.