Registrado: 10 May 2007 Mensajes: 1708 Ubicación: Donde aún se sueña Votos: 27
Publicado: Jue Ene 01, 2009 2:27 pmTítulo del mensaje: Descripción en tres movimientos...
Descripción en tres movimientos…
Hoy parece que el sol entra por mi ventana algo desmedido y burlón en este inicio del año Nuevo 2009. Me atraviesa entera su rayo de punta a punta y desearía que me dejase de una vez, totalmente clavada en la cama. Me he incorporado entre las almohadas, cubriendo mis hombros con un chal que robó los colores del último otoño y me concedió tener el aroma de las montañas conmigo, abrigándome con su magia especial que amortigua este pesado corazón imparable en su latir, que ahora intenta sobreponerse al rigor del tiempo frío, con medicinas poco ingeridas por mí a pesar de mis años de vida. Me pregunto si es el inicio de mi caducidad biológica y... ¡A quién se la debo! El virus de la gripe ha hecho de las suyas en el espacio de un escaso trimestre, la tos y el malestar general me han rendido e invadido mi galaxia corporal, en esa lucha de ser ellos los virus o yo que les venza. Aquí estaré casi todo el día entre zumos, pastillas, inhaladores y, a ratos escalofríos de fiebre, que al final me dejan dormida hasta conseguir que haga su efecto el medicamento.
Cuando despierto, igual que ayer y antes…, entre una nebulosa de ideas que me envuelven y por ser ella brillante, puedo poner otros elementos conciliadores a favor de mi raciocinio. Leo con coherencia estas marcas de mi destino, me las miro una y otra vez intentando taparlas o quitarlas de mi vista cuando sé que es inútil: Me doy algún consejo, desde lo más profundo e interior en que me encuentro. Hay momentos en que la fatiga corporal, profana mi necesidad de pensar o ver con claridad de otra forma. Mi infeliz pequeñez ante el dolor ajeno de aquellos a los que amo y pueden sufrir peores situaciones, las consecuencias físicas y morales de otras pasiones desencadenadas o males, de los cuales los seres humanos no escapan.... (Pienso en Palestina...) Ser fuerte en la lucha por la supervivencia, no es sólo conseguir estar rodeados de aparente calma y bienestar espiritual que nos regala la vida por el esfuerzo en el trabajo diario; es más bien un estado del alma ante otras agresiones exteriores de nuestros semejantes, no físicas y si morales, que destruyen el tejido humano y espiritual de nuestra entereza, haciéndonos vulnerables antes los riesgos que se derivan de acciones impensables, en aquellos en los que aún confiábamos. Así son todas las guerras de los hombres, así se marca la historia con sangre en sus renglones. Es doloroso pensar en ello pero no por serlo debemos olvidar, que somos o no culpables de hechos que acaban el amor de los nuestros, destruyen y hasta agraden su tranquilidad y la nuestra, como también modifican sensiblemente la conducta ante las situaciones que generan. Ya no podemos tener la misma postura, y menos confiar enteramente en los que eran para nosotros, parientes, amigos o hermanos con ideas afines.
Y, así ante mi concilio interior de pensamientos que mecen mis inquietudes, que se sinceran con mi alma dando rienda al cabo roto de mi limitada realidad ante los acontecimientos, intento unirlo con lo que me queda: el nudo de silencio que tengo más a mano, con esta sencilla prosa a golpe intermitente de accesos de tos, que son incontrolables, obligándome a dejar de escribir por largo rato. No sé si este mismo sol que me ha regalado su calidez por un momento y que ya no ilumina mi estancia, que burlón se larga por donde ha venido, quiso dejarme sola para no escuchar cómo saltarían de mi pecho todos los gritos que tengo guardados, cuando las luces de la tarde vuelvan a entrar de nuevo en despedida y rompan las oscuridades de mis pensamientos donde me sumerjo, de mi imperfecta catedral del alma tan extraña o secreta, con el sostenido sonido de mis recuerdos en el convento, con el órgano de música en que me comparo y me tengo ya a mis años; esa reliquia de lo que fue mi vida consagrada al silencio... ¡-más me valdría ahora!- de un tiempo casi medieval como mi alma, que se sentía en corredores ulular como el viento o en mi cerebro, ahora, con su voz plañidera como un parto, y su alarido lastimero de queja y de tristeza. Y es que estoy como nací-desnuda- empapada de lágrimas con el cabello chorreándome fiebre de nostalgia y esta laxitud que me embarga. Toda yo soy un cansancio trémulo de miedo hacia el mundo, un vetusto ser acomodado a mis huesos que han perdido en días su tono muscular, mientras me dejo ir en la angustia de mi desdicha.
Escucho al fondo en mi hogar la música que proviene del salón, el concierto con el que siempre se inicia el Nuevo Año y, el sonido de un vals viene a darme sonriente su mano y me sostiene, me acaricia el oído con su música y me levanta, queriendo convertir mi tristeza en aires de júbilo y esperanza...¡Cómo! ... ¡Para bailar estoy!...Me zarandea de nuevo estas ganas de vivir, me dice de mi color amado en mi piel meramente simbólica del anuro azul o, ve, en el tono de mis ojos que hoy han cambiado a gris intenso por la fiebre… ¡Ah, mi pelo húmedo como un monte hirsuto me acompaña como mar de ideas espumoso… que se parecen como idea- gaviotas, o estrella de siete puntas y de afiladas uñas que me desgarran por dentro y que me obligan a agarrarme a la cornisa de mis sueños moribundos; al viento que sopla y me angustia y desperdiga esta nada mía de mi inconsciente aún párvulo y necesitado de aprendizajes nuevos... ¡a mis años! Que me hace nadar en el aire sin alas, envolverme en caricias, retozar en los arroyos incorruptos de un destino mejor y más limpio, con la pureza de los infantes donde se rompen todos los relojes del tiempo, donde se borran la huella de todos los nimios pecados que nos llenan de sombras la existencia, tan injustos e impensables que infringimos o nos devuelven otros, que se vuelven trascendentes en mí por la confianza depositada en quien no me quería; ¡que creí hermanos leales y dueños de una verdad compartida! En cambio sé ahora ¡y no te das cuenta alma mía! cómo se desprende de su obstar confundidos y críticos ante nuestra desgracia y por mi culpa se convierten en amenaza. Y no es de su otro yo irritable por mi protesta al hermano de este duende iluminado que puedo ser…o, de este sentir que me persigue en el sueño eterno en el que corro o salto huyendo o, busco inquieto mi ser especial sin hallarlo, siguiéndole por todos los caminos del universo... ¡Y soy yo divido a mi vez juego de gato y ratón hasta que llegan otras lluvias y el amor se hiela sobre el alma sin risa, y volvemos a ser amantes de los bosques, helechos de hojas y musgo atrapadas en las correntadas de un tiempo primaveral en su mayo, para dar a mi otoño invernal algo más que el agua que nos falta, para colmar la sed en este acá donde morimos…tan sedientos de todo lo espiritual que nos roba la materia caduca! Y todo vuelve a empezar cuando cruzamos el tiempo, lavados, ungidos, puros y como nuevos el umbral del sueño eterno, libres de la imperfección del mundo como carga en ese único paraíso con el que siempre se sueña. Pero sí sabemos que nunca volveremos a mirarnos acá de igual manera a los ojos, a pesar de seguir queriéndonos tanto. -¡Dime si no será así!- Ya no somos dignos de confianza y hemos perdido el tesoro de ser parte espiritual de nuestra presencia, en cada vida que dañamos o alteramos por ser tan ingenuos.
Antes de terminar este escrito me instalo mis auriculares arrebujada en la manta,…- y es que tengo mucho frío, amor…- Suena Mozart en su concierto nº 23 para piano…
¡Escucha: Me duele el alma, me haces falta, porque te he perdido para siempre en el mundo de los vivos!